La NASA debe decidir antes de que concluya 2026 el diseño de su próximo orbitador de telecomunicaciones a Marte, clave para las misiones futuras
La NASA se encuentra en un proceso interno de decisión que marcará la infraestructura de comunicaciones para sus misiones a Marte durante la próxima década. El debate gira en torno a la selección del próximo Mars Telecommunications Orbiter (MTO), una nave destinada a garantizar la retransmisión de datos entre Marte y la Tierra, cuya adjudicación debe concretarse antes del cierre del año fiscal 2026.
El detonador de esta discusión fue la aprobación, por parte del Congreso de Estados Unidos, de una partida adicional de 700 millones de dólares para el desarrollo y lanzamiento de un orbitador de telecomunicaciones marciano. Estos recursos fueron incluidos en una legislación suplementaria impulsada por el senador Ted Cruz, la cual establece condiciones específicas sobre el tipo de misión y los criterios de elegibilidad para las empresas aeroespaciales participantes.
La urgencia del proyecto responde a la situación actual de la flota marciana de la NASA. La agencia perdió recientemente la nave MAVEN, mientras que el Mars Reconnaissance Orbiter, su principal plataforma de retransmisión de datos, lleva cerca de 20 años operando alrededor del planeta. Este escenario incrementa el riesgo de una reducción significativa en la capacidad de comunicaciones, considerada un componente básico para cualquier misión científica o de exploración espacial futura.
El lenguaje incluido en la legislación ha generado tensiones dentro de la agencia y en el sector aeroespacial. Según un artículo de Ars Technica, el orbitador debe ser contratado entre empresas estadounidenses que hayan recibido financiamiento federal en los años fiscales 2024 o 2025. Para estudios comerciales relacionados con el retorno de muestras de Marte, y que además hayan propuesto un orbitador de telecomunicaciones lanzado de manera independiente. Diversos observadores señalaron que esta redacción podría favorecer a ciertos proveedores específicos.
El monto aprobado también ha sido objeto de discusión. Voces del sector han indicado que el costo estimado para un orbitador de telecomunicaciones, incluyendo la plataforma, la carga útil y el lanzamiento, podría ser menor al total asignado. Esta diferencia ha abierto el debate sobre si los recursos presupuestales disponibles deberían utilizarse únicamente para comunicaciones o si permitirían ampliar el alcance de la misión.
Uno de los puntos centrales del debate interno es si el MTO debe limitarse a funciones estrictamente de telecomunicaciones o incorporar instrumentos científicos adicionales. Dentro de la NASA, algunos funcionarios han planteado que sería posible integrar instrumentos como cámaras de alta resolución, magnetómetros o espectrómetros para detectar hielo cercano a la superficie. Con un costo adicional estimado de alrededor de 200 millones de dólares.
Otros sectores de la agencia consideran que los plazos legales y el marco normativo dificultan una misión con capacidades ampliadas. En una postura institucional, la NASA ha señalado que su intención es adquirir un orbitador de telecomunicaciones de alto desempeño que proporcione comunicaciones continuas y robustas para las misiones en Marte, en colaboración con socios comerciales.
El factor tiempo añade presión al proceso. La legislación establece que los fondos deben quedar comprometidos a más tardar el 30 de septiembre de 2026. Además, para aprovechar la ventana de lanzamiento a Marte prevista para finales de 2028, la adjudicación del contrato debe realizarse en los próximos meses. Actualmente, la NASA no tiene otras misiones marcianas programadas para ese periodo, lo que convierte al MTO en la única nave que podría enviarse a Marte durante la segunda administración del presidente Donald Trump.
La complejidad del proceso quedó en evidencia cuando la agencia publicó y retiró de manera casi inmediata un aviso que limitaba la competencia a empresas que cumplieran con los requisitos legales. Este episodio reflejó la preocupación interna por posibles impugnaciones que retrasen la adjudicación y pongan en riesgo el uso de los fondos antes de la fecha límite.
En síntesis, la NASA debe definir en el corto plazo si prioriza un orbitador exclusivamente de telecomunicaciones o una plataforma con capacidades científicas adicionales. En un contexto marcado por el envejecimiento de activos en Marte, plazos presupuestales estrictos y un entorno político que eleva la relevancia estratégica de esta decisión.