Debate sobre liderazgo femenino expone brecha en decisiones estratégicas y cuestiona rol relacional asignado a mujeres dentro del poder corporativo actual
Como mujer, he sido testigo, y también partícipe, incluso recientemente, de conversaciones con superiores hombres que han mencionado cosas como: "Tú eres más simpática, más agradable; encárgate de caerle bien a tal persona. Cuando ya tengamos eso, yo hago el trabajo fuerte: cerrar la negociación. Happy to help you."
Comentarios que, quizá de forma inconsciente, siguen envueltos en una cultura patriarcal que asigna a las mujeres el rol de facilitar relaciones, mientras reserva las decisiones duras para otros. Y sí, esto sigue ocurriendo hoy, incluso en niveles directivos.
Durante años, el discurso sobre liderazgo femenino se ha centrado en la inclusión: acceso a oportunidades, a puestos directivos, a la conversación pública o a la tendencia de las redes sociales. Sin embargo, el desafío actual es distinto. Ya no se trata únicamente de participar, sino de influir en las decisiones estratégicas que determinan hacia dónde se mueve el mercado.
Cada marzo la conversación es repetitiva: paneles sobre liderazgo femenino, campañas de empoderamiento y discursos que celebran el avance de las mujeres en el mundo corporativo. Pero fuera de los eventos y publicaciones conmemorativas, la pregunta sigue siendo incómoda: ¿cuántas mujeres están realmente en los espacios donde se decide el negocio?
Participar en la conversación no es lo mismo que cambiar el rumbo de una industria.
En muchos casos, esa conversación se convierte en una herramienta útil para visibilizar el tema. Pero también existe un riesgo silencioso: cuando la herramienta se convierte en atajo y el atajo es el problema. Cuando los paneles, los discursos y los indicadores de diversidad sustituyen el debate real sobre quién toma las decisiones estratégicas dentro de las empresas.
En sectores tan dinámicos como los medios, la publicidad y la tecnología, el liderazgo ya no se define únicamente por gestionar equipos, facilitar comunicación o ejecutar planes. Hoy implica comprender ecosistemas complejos. En ese contexto, el liderazgo femenino no debería medirse por presencia simbólica, sino por capacidad de transformar estrategias en resultados reales.
Las mujeres que hoy realmente lideran no están ocupando espacios únicamente para representar. Están negociando acuerdos, diseñando modelos de negocio, liderando transformaciones digitales y tomando decisiones que afectan ingresos, inversiones y expansión de mercados.
Aun así, muchas organizaciones siguen asociando el liderazgo femenino principalmente con habilidades de gestión interna (comunicación, empatía, coordinación), mientras reservan las áreas de decisión económica, negociación o expansión para perfiles tradicionalmente masculinos.
Ese paradigma ya no refleja la realidad del mercado.
El liderazgo femenino no es una conversación sobre representación ni sobre mujeres que "se volvieron como hombres" para poder dirigir. Es una conversación sobre mérito, visión estratégica y capacidad de ejecución.
Las empresas que realmente se unan a esto no estarán simplemente "abriendo espacio" a las mujeres. Estarán fortaleciendo su capacidad de competir en un mercado que cambia todos los días. De modo que el verdadero indicador de progreso no es cuántas mujeres participaron en el panel de una conferencia o aparecieron en el press release corporativo. Todo lo que se mide es mejorable, y el progreso se mide por algo mucho más profundo: cuántas mujeres están tomando decisiones que transforman el rumbo de la industria.