Superávit, reformas y nuevas señales para inversores colocan a Argentina en el centro del nuevo mapa económico regional
Argentina quedó ubicada por el Banco Mundial como el caso más singular de América Latina, en un escenario donde la región mantiene un crecimiento bajo y perspectivas moderadas. Esa diferencia no respondió a un solo indicador, sino a una combinación de expansión prevista, mejora fiscal y caída del riesgo soberano.
En Washington, el informe Panorama Económico de América Latina y el Caribe señaló que la economía argentina crecería 3,6% en 2026 y 3,7% en 2027, tras avanzar 4,4% en 2025. Con esas cifras, el país quedaría por encima del promedio regional, estimado en 2,1% para 2026 y 2,4% para 2027, según el organismo internacional.
Dentro de ese diagnóstico, el Banco Mundial resumió el caso argentino con una frase que lo separó del comportamiento esperado para el resto de la región. "La economía argentina ha emergido como la principal excepción al alza, ya que la estabilización y las reformas han mejorado las expectativas y las condiciones financieras", indicó el documento.
Buena parte de esa lectura se explicó por el giro de las cuentas públicas durante los últimos meses, un punto que el organismo destacó con énfasis. Según el informe, la racionalización del gasto público, los recortes de ineficiencias administrativas y la refocalización de subsidios energéticos ayudaron a contener expectativas inflacionarias y a comprimir el riesgo soberano.
Ese cambio fiscal fue presentado además como un rasgo poco frecuente dentro de América Latina, donde varios países siguen enfrentando fragilidad presupuestaria y costos de endeudamiento elevados. En ese contexto, Argentina apareció con una trayectoria distinta, apoyada también por una agenda orientada a grandes inversiones y por avances en acuerdos comerciales externos.
Como parte de los factores destacados surgen el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, conocido como RIGI, y los entendimientos con Estados Unidos y la Unión Europea. Para el Banco Mundial, esas señales mejoraron el clima financiero en un país que busca atraer capital hacia sectores de energía, minería, tecnología e infraestructura.
Will Maloney, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, sostuvo que la proyección actual es menor a la observada meses atrás, aunque sigue siendo alta frente a sus vecinos. "Es cierto que la proyección que tenemos ahora es algo menor a la que teníamos hace unos meses, pero el 3,6% para este año es todavía muy bueno en la dinámica de la región", afirmó durante la presentación del informe.
Aun con ese desempeño esperado, el organismo remarcó que persisten límites importantes para una recuperación sostenida y advirtió sobre factores que todavía pueden afectar el crecimiento. Entre esos riesgos mencionó las necesidades de financiamiento externo, las reservas internacionales netas negativas y el acceso restringido a los mercados internacionales de deuda.
También planteó dudas sobre la capacidad del sector privado para sostener una expansión amplia, en medio de apertura económica, presión competitiva y debilidad del mercado laboral. Sobre ese punto, Maloney señaló: "La preocupación por la competencia externa tiene sentido", al referirse a las dificultades que podrían enfrentar varias empresas locales.