Descubre quién fue San Cayetano, cómo vivió lejos de Argentina y por qué su imagen terminó ligada a la espiga, el sustento y los pedidos de empleo
Cada 7 de agosto, miles de argentinos llevan espigas, agradecimientos y pedidos de empleo ante la imagen de San Cayetano en iglesias de todo el país. La fecha recuerda su muerte, ocurrida el 7 de agosto de 1547, jornada establecida por la Iglesia católica para conmemorar anualmente al sacerdote italiano.
La tradición adquirió una fuerza particular en Argentina porque su figura terminó vinculada con dos necesidades cotidianas capaces de atravesar generaciones y contextos económicos diferentes. El pan representa el alimento familiar, mientras el trabajo quedó asociado con la posibilidad de obtenerlo mediante un ingreso y sostener el hogar.
Cayetano de Thiene nació en Vicenza, dentro de la entonces República de Venecia, en 1480, varios siglos antes de que su nombre llegara a Buenos Aires. Provenía de una familia noble, estudió Derecho en la Universidad de Padua y posteriormente trabajó en Roma dentro del entorno del papa Julio II.
Su trayectoria cambió cuando abandonó aquella vida y decidió dedicarse al sacerdocio, la oración y la asistencia de personas pobres, enfermas y marginadas. También participó en organizaciones religiosas dedicadas a prestar ayuda y promovió sistemas financieros destinados a ofrecer mejores condiciones económicas a personas con escasos recursos.
En 1524, Cayetano fundó con Juan Pedro Caraffa y otros religiosos la Orden de los Clérigos Regulares, cuyos integrantes serían conocidos posteriormente como teatinos. La congregación promovía una vida austera inspirada en los apóstoles y sostenida mediante la confianza en la Providencia divina dentro de la tradición católica.[img1]
Su actividad continuó en distintas ciudades italianas hasta concentrarse en Nápoles, donde desarrolló parte importante de su labor religiosa durante sus últimos años. Cayetano murió allí a los 67 años y fue canonizado en 1671 por el papa Clemente X, más de un siglo después de su fallecimiento.
La devoción llegó posteriormente a América y encontró un fuerte arraigo en Argentina, especialmente alrededor del actual Santuario de San Cayetano ubicado en Liniers. Una primera capilla dedicada al santo abrió allí en 1875, mientras el templo posterior fue habilitado en 1900 y convertido en parroquia durante 1913.
El vínculo directo con el empleo se consolidó durante la crisis económica de la década de 1930, cuando numerosas familias argentinas enfrentaban desempleo y dificultades materiales. El sacerdote Domingo Falgioni promovió entonces la veneración de San Cayetano como protector del pan y del trabajo entre trabajadores y hogares afectados.
La espiga terminó representando el alimento necesario para sostener una familia, mientras los pedidos de empleo dieron una dimensión concreta a aquella antigua confianza religiosa. Esa asociación explica por qué muchos peregrinos continúan llevando trigo bendecido después de visitar templos dedicados al santo.