Durante la primera mitad de 2026, cerca del 82% de los océanos registró olas de calor marinas de distinta intensidad, según datos climáticos globales
Una ola de calor marina puede comenzar lejos de las personas, pero sus consecuencias ya alcanzan alimentos, empleos, salud respiratoria y bienestar psicológico. Estos episodios ocurren cuando la temperatura del océano permanece anormalmente elevada durante periodos prolongados y supera los valores habituales de una región.
A lo largo de la primera mitad de 2026, cerca del 82% de los océanos registró condiciones de ola de calor marina de distinta intensidad. Datos difundidos por la Organización Meteorológica Mundial también mostraron temperaturas superficiales excepcionalmente altas durante julio en amplias áreas oceánicas.
El Pacífico tropical, el Atlántico frente a Europa y el Mediterráneo occidental estuvieron entre las zonas afectadas por temperaturas marinas especialmente elevadas. Desde 1982, además, el número de olas de calor marinas se duplicó, según datos citados por investigadores.
Un estudio publicado en Nature Sustainability, elaborado por especialistas de la Universidad de Adelaida y la Universidad de Hong Kong, amplió el foco hacia la salud humana. Los autores advirtieron que estos episodios también pueden afectar alimentación, medios de vida, bienestar psicológico y exposición a fenómenos meteorológicos extremos.
Los océanos absorben más del 90% del exceso de calor asociado al calentamiento del sistema climático, lo cual incrementa progresivamente su temperatura. A este proceso se suman patrones meteorológicos persistentes capaces de mantener determinadas regiones bajo condiciones cálidas durante varios días o semanas.
Al coincidir aguas previamente calientes con sistemas de alta presión, las temperaturas oceánicas extremas pueden mantenerse durante periodos más prolongados. Ese calor adicional modifica las condiciones sobre las cuales actúan distintos fenómenos meteorológicos.
Un mar más caliente también evapora mayor cantidad de humedad hacia la atmósfera, aportando energía adicional a determinados sistemas meteorológicos y precipitaciones intensas. Investigaciones recientes relacionaron olas de calor marinas con la intensificación del huracán Otis durante 2023 y con impactos asociados al tifón Doksuri.[img1]
Otis ocasionó daños estimados superiores a 15.000 millones de dólares, mientras Doksuri afectó a más de dos millones de personas en Asia. Ambos casos fueron señalados como ejemplos de fenómenos relacionados con temperaturas oceánicas extremas.
Los efectos sanitarios aparecen por distintas vías y pueden comenzar con cambios aparentemente limitados a los ecosistemas marinos. Las temperaturas elevadas favorecen proliferaciones de algas nocivas capaces de contaminar productos del mar y provocar irritación respiratoria, asma u otros problemas de salud.
Una menor disponibilidad de peces y mariscos puede limitar el acceso a alimentos y perjudicar los ingresos de comunidades dependientes de actividades pesqueras. Esa pérdida de recursos puede trasladarse hacia la alimentación, el empleo y la estabilidad económica de poblaciones costeras.
En Australia Meridional, una proliferación tóxica de algas registrada durante 2025 estuvo asociada con irritación respiratoria, asma y elevados niveles de ecoansiedad. También se registraron tristeza, frustración y depresión entre personas vinculadas económica o culturalmente con el océano.