Un nuevo hallazgo de gas podría duplicar las reservas de Colombia si confirma su potencial

Ubicado cerca de Sirius, Sandía-1 refuerza las expectativas sobre el potencial gasífero del Caribe colombiano

Con 31% del suministro cubierto por gas importado en julio de 2026, Colombia enfrenta una presión creciente para incorporar nuevas fuentes de producción

Colombia acaba de sumar una nueva pieza a un mapa energético que podría cambiar con rapidez durante los próximos años. El pozo exploratorio Sandía-1 confirmó presencia de gas natural en aguas profundas del Caribe, aunque su volumen comercial todavía debe ser determinado.

Esa diferencia es clave, porque descubrir gas no equivale todavía a incorporar reservas utilizables ni garantiza producción inmediata para el mercado. Las compañías de hidrocarburos Petrobras y Ecopetrol confirmaron el hallazgo después de perforar Sandía-1 dentro del bloque GUA-OFF-O, aproximadamente a 42 kilómetros de la costa.

Petrobras opera el bloque mediante su filial en Colombia, mientras Ecopetrol, la petrolera colombiana, posee la participación mayoritaria en este proyecto. El pozo alcanzó una profundidad de agua de 1.285 metros y está situado cerca de otros descubrimientos relevantes, incluidos Sirius-1 y Copoazú-1.

Esa concentración de pozos con gas refuerza la expectativa sobre una zona que podría convertirse en uno de los principales polos energéticos colombianos. Rodolfo Anaya, presidente de Vanti, empresa distribuidora y comercializadora de gas natural en Colombia, planteó que Sandía podría duplicar las reservas nacionales si los informes técnicos confirman las expectativas actuales.

"El hallazgo de Sandía, hay que esperar la información oficial, pudiera duplicar las reservas", señaló Anaya al referirse al potencial del descubrimiento. Petrobras y Ecopetrol todavía analizan registros de pozo y estudios de laboratorio para definir características, volumen y viabilidad comercial.

Por qué duplicar reservas cambiaría el panorama

Colombia cuenta con reservas probadas de gas equivalentes a unos 5,9 años de producción, según las cifras citadas por autoridades energéticas nacionales. Al mismo tiempo, el gas importado representaba 31% del suministro nacional en julio de 2026, aumentando la exposición frente a precios externos.

Una ampliación importante de reservas permitiría reducir esa dependencia, aunque producir Sandía exigiría infraestructura, licencias, inversiones y varios años de desarrollo. También ofrecería mayor margen frente a posibles interrupciones externas o incrementos en los costos internacionales del combustible.

El impacto económico potencial también se explica por el papel del gas dentro de hogares, industrias y generación eléctrica. Menos dependencia de importaciones puede reducir vulnerabilidades de abastecimiento y disminuir parte de la presión ocasionada por compras externas de energía.

Además, una mayor producción nacional podría movilizar inversiones, infraestructura y actividad empresarial alrededor de transporte, procesamiento y servicios vinculados al sector energético. Sin embargo, ese efecto no sería automático porque un descubrimiento debe superar varias etapas antes de convertirse en producción efectiva.

En proyectos costa afuera también resultan necesarias instalaciones capaces de extraer, transportar y conectar el gas con los principales centros de consumo. Por eso, el tamaño del hallazgo representa apenas una parte de la ecuación económica y energética.

Sandía se integra a un corredor gasífero mayor

Sandía-1 se encuentra a 18 kilómetros de Sirius-1 y Sirius-2, además de nueve kilómetros del pozo Copoazú-1. Esa proximidad permite considerar los descubrimientos como parte de una zona con potencial gasífero creciente, aunque cada yacimiento requiere evaluación independiente.[img1]

Dentro del sistema energético colombiano, Sirius permite dimensionar la magnitud que podrían alcanzar proyectos de este tipo. Vanti adquirió cerca de 100 millones de pies cúbicos diarios mediante un contrato de siete años, con posibilidad de extenderlo hasta diez.

Por ahora, Sandía representa una promesa energética con capacidad de modificar las perspectivas de Colombia, pero todavía no una reserva plenamente cuantificada. Su verdadero peso económico dependerá del volumen recuperable, los costos de desarrollo y el tiempo necesario para llevar ese gas al mercado.