Un dolor que parece “acidez” no siempre se comporta como reflujo: si persiste o se acompaña de sudor frío, mareo o falta de aire, requiere atención urgente
Ardor en el pecho, náuseas y una sensación incómoda detrás del esternón pueden hacer pensar en reflujo. Sin embargo, algunas manifestaciones de un infarto se parecen lo suficiente como para generar dudas. "Ante cualquier duda, es mejor buscar atención de urgencia de inmediato", señala el Dr. Juan Carlos Rozo, cardiólogo del Hospital Houston Methodist. Sin embargo, el especialista compartió con NotiPress una serie de síntomas que pueden ayudar a identificar el cuadro.
Cuando el ácido del estómago sube hacia el esófago puede producir acidez o ardor entre el estómago y la boca. Si estos episodios ocurren con frecuencia, pueden corresponder a enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
Entre las molestias propias del reflujo están:
Una pista importante está en cómo evoluciona la molestia: el reflujo suele disminuir después de algunos minutos u horas, conforme avanza la digestión. También puede dejar un sabor desagradable en la boca y sentirse principalmente como ardor.
Un infarto ocurre cuando se bloquean las arterias que llevan sangre al corazón y requiere atención médica de emergencia. Sus síntomas no siempre aparecen como un dolor súbito e intenso; en algunas personas pueden comenzar días o semanas antes y manifestarse como cansancio, náuseas o dolor de espalda.
Las señales incluyen:
"Trata los síntomas urgentes como una emergencia médica, especialmente si la molestia en el pecho se acompaña de falta de aire, sudoración fría, náuseas o mareo", advierte Rozo.
Mientras el malestar por reflujo suele concentrarse en el esófago, el dolor asociado con un infarto puede extenderse hacia los brazos o la mandíbula. Otra diferencia es la persistencia: las molestias de un infarto no desaparecen como suele hacerlo la acidez tras la digestión.
"Si los síntomas persisten, no esperes: busca atención médica de urgencia", recomienda el cardiólogo.
La presencia de un sabor ácido favorece la sospecha de reflujo, mientras que sudor frío, mareo, dolor irradiado o una sensación de presión en el pecho elevan la preocupación por un problema cardiaco. Ninguna de estas diferencias permite descartar por cuenta propia un infarto cuando existen señales de alarma.
Ante síntomas compatibles con un infarto, el equipo médico puede recurrir a un electrocardiograma, análisis de sangre y estudios de imagen, entre ellos tomografía computarizada cardiaca y angiografía, para determinar la causa.
Si se confirma el diagnóstico, el tratamiento puede incluir angioplastia coronaria o cirugía de bypass coronario. Después, puede pasar a hablrase de cambios en el estilo de vida, medicamentos y, cuando se requieren, procedimientos de mínima invasión.