Lula lleva a la ONU una fuerte crítica al orden global y al avance de las guerras

Ante líderes mundiales, Lula advirtió sobre más guerras, menos diálogo y un sistema internacional cada vez más debilitado

Desde Nueva York, el mandatario brasileño rechazó las zonas de influencia y defendió soluciones diplomáticas para conflictos como Ucrania

Luiz Inácio Lula da Silva llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas una intervención marcada por cuestionamientos al funcionamiento del sistema internacional. Desde Nueva York, el presidente brasileño abordó guerras, comercio, soberanía, tecnología y democracia, mientras reclamaba mayor capacidad política para resolver conflictos.

Su diagnóstico situó a Naciones Unidas frente a uno de sus momentos más delicados desde la creación del organismo. Lula relacionó esa situación con el crecimiento de los conflictos armados, el rearme y la pérdida de espacio para soluciones diplomáticas.

Consejo de Seguridad y disputas de poder

Uno de sus principales cuestionamientos estuvo dirigido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y su capacidad para responder ante las crisis actuales. Lula sostuvo que "somos todos rehenes del inmovilismo de un Consejo de Seguridad que no cumple su papel".

También criticó los privilegios históricos concedidos a las grandes potencias dentro de la arquitectura internacional surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Para el mandatario, esas estructuras enfrentan una profunda crisis de liderazgo mientras aumentan las confrontaciones y resurgen disputas por zonas de influencia.

Frente a las disputas de poder global, Lula rechazó presiones sobre América Latina y defendió la autonomía política de Brasil. En ese contexto, resumió su posición con una frase directa: "Brasil no cabe en el patio trasero de nadie".

Sus críticas alcanzaron igualmente al comercio, donde cuestionó el uso de aranceles como herramientas de presión y chantaje entre gobiernos. También advirtió sobre el debilitamiento de instituciones multilaterales encargadas de establecer reglas compartidas para las relaciones económicas y políticas.

Gaza, Ucrania y los límites de la guerra

En cuanto a Gaza, Lula reiteró sus acusaciones contra el gobierno de Benjamín Netanyahu y habló del sufrimiento sufrido por generaciones palestinas. Al mismo tiempo, afirmó que "los civiles israelíes pagaron el precio del radicalismo y la intolerancia de los actos terroristas de Hamas".

También defendió a Francesca Albanese, relatora especial sobre los territorios palestinos, y sostuvo: "no puede ser silenciada por decir la verdad". Lula cuestionó además los asentamientos en Cisjordania ocupada, vinculándolos con las dificultades para alcanzar una solución basada en dos Estados.

Respecto de Rusia y Ucrania, insistió en que una salida definitiva no surgirá exclusivamente dentro del campo de batalla. Su planteamiento volvió a colocar la negociación y la diplomacia como herramientas necesarias frente a una guerra prolongada y su costo humanitario.

Tecnología, soberanía y elecciones en Brasil

Al abordar los cambios tecnológicos, Lula incluyó la inteligencia artificial entre los asuntos que requieren regulación y responsabilidad política. También cuestionó el poder concentrado de grandes empresas digitales y mencionó la protección de niños, adolescentes, mujeres, artistas y creadores.

Hacia el cierre, trasladó su defensa de la soberanía al próximo proceso electoral brasileño y advirtió sobre posibles interferencias externas. Sostuvo que Brasil tendrá una elección transparente y competitiva, mientras llamó a proteger la voluntad popular frente a intereses provenientes del exterior.

"La democracia brasilera pertenece a los brasileros", afirmó Lula al referirse a quién debe decidir el rumbo político del país. Poco después reforzó el mismo mensaje al señalar que "Brasil continuará a ser un país soberano".