
Foto: ONU
La Asamblea General de la ONU abre este 22 de septiembre su Semana de Alto Nivel con una agenda atravesada por guerras activas, una discusión urgente sobre inteligencia artificial y una pregunta incómoda para el propio organismo: cuánto puede influir todavía en un sistema internacional fragmentado.
El encuentro en Nueva York será también el último gran foro diplomático bajo el mandato de António Guterres. El secretario general llega con el lema "Restablecer la confianza, gestionar la transformación: unas Naciones Unidas que cumplen para todos", mientras la institución intenta demostrar que aún puede ser un espacio útil para contener conflictos y ordenar debates globales.
Medio Oriente y Ucrania vuelven al centro
Las guerras serán uno de los ejes inevitables. En Medio Oriente, la atención estará puesta en el conflicto que involucra a Israel, Irán y Estados Unidos, además de la situación en Gaza y los esfuerzos diplomáticos alrededor de una solución de dos Estados.
La presencia simultánea del presidente estadounidense, Donald Trump, y del mandatario iraní, Masud Pezeshkian, genera expectativas sobre posibles contactos o posicionamientos contundentes en los discursos, dado el estado de guerra de facto en la región. También asiste el nuevo presidente sirio, Ahmed al Sharaa.
La región sumó además un nuevo foco de tensión protagonizado por Arabia Saudita y los hutíes de Yemen, un conflicto que, al igual que el cierre del estrecho de Ormuz, compromete la producción mundial de petróleo y gas.
La presencia de delegaciones enfrentadas en Nueva York puede facilitar contactos y negociaciones paralelas, aunque los canales formales sigan bloqueados. En ese contexto, la Asamblea funciona menos como un espacio para resolver conflictos de inmediato y más como un punto de encuentro para mantener abiertas las conversaciones.
Ucrania ocupará otro lugar central. Volodimir Zelensky prevé reunirse con Donald Trump en Nueva York, mientras Rusia estará representada por el canciller Serguéi Lavrov. Luego de 4 años, esta guerra continúa estancada y el Consejo de Seguridad mantiene las limitaciones derivadas del poder de veto ruso. Dicho Consejo está compuesto por 5 países: Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia.
La inteligencia artificial entra en la agenda de seguridad
La IA dejó de ser un asunto exclusivamente tecnológico para pasar a convertirse, sobre todo este año, en una cuestión existencial. Guterres dedicó buena parte de su última conferencia de prensa previa a la Asamblea a advertir sobre sus riesgos y adelantó que será uno de los temas presentes en sus conversaciones con líderes mundiales.
"La inteligencia artificial será sin duda un tema importante en mis conversaciones con los líderes mundiales la próxima semana", afirmó.
Durante la semana habrá encuentros sobre cooperación digital y una reunión del Consejo de Seguridad dedicada a la IA. Entre las preocupaciones aparecen los sistemas autónomos, el uso militar de estas tecnologías, la desinformación y la posibilidad de que las capacidades técnicas avancen más rápido que las reglas internacionales.
El debate ha tomado fuerza durante las semanas recientes tras las contundentes advertencias de varios expertos sobre los potenciales peligros de la IA a largo plazo. A la discusión se han unido incluso los líderes de las principales empresas de esta tecnología. La mayoría se mostró a favor de una regulación o al menos de una ralentización de la IA, aunque tales posturas encontraron resistencia en algunos líderes como Trump, quien puso sobre la mesa la carrera tecnológica que Estados Unidos tiene con China.
Una ONU obligada a demostrar para qué sirve
La Asamblea se celebra en un momento de fuerte cuestionamiento a la eficacia del organismo. Las guerras prolongadas, los vetos en el Consejo de Seguridad y las dificultades financieras alimentan la percepción de una institución con capacidad limitada para transformar declaraciones en resultados.
Aunque el lema oficial de esta sesión —liderada por el bangladesí Khalilur Rahman— es "Restaurar la confianza", los expertos advierten que la ONU parece "atrapada en un centro de atención de traumas", operando como un foro de debate público pero sin dientes para imponer la paz.
Trump condensó esa crítica el año pasado: "¿Cuál es el propósito de las Naciones Unidas?", preguntó. Luego sostuvo que la organización tiene "un potencial enorme", pero que no logra estar a la altura de ese potencial.
Las dudas sobre el destino de la organización se acentúan con la salida de Guterres para finales de 2026. La discusión sobre su sucesión ya forma parte del clima político. El próximo secretario general recibirá una institución obligada a gestionar conflictos tradicionales y amenazas emergentes como la IA.
En el ámbito económico, la ONU respira con mayor tranquilidad en comparación con el año pasado, cuando estuvo al borde del colapso financiero. La administración Trump alivió parte de la asfixia presupuestaria al desembolsar más de 700 millones de dólares en cuotas obligatorias, lo que evitó que Estados Unidos perdiera provisionalmente su derecho a voto en la Asamblea.
Diplomacia, reuniones y poder de convocatoria
Más allá de los discursos, la Semana de Alto Nivel conserva una ventaja: reúne a decenas de jefes de Estado y de Gobierno en el mismo lugar y facilita una intensa agenda de contactos bilaterales.
Daniel Forti, responsable de asuntos de la ONU en International Crisis Group, defendió ese papel al señalar que, en un momento con más guerras que en décadas anteriores, los países todavía necesitan "un lugar donde reunirse, evitar conflictos y debatir las reglas del juego".
Para la ONU, esa capacidad de convocatoria será puesta a prueba durante toda la semana: no solo por lo que se diga desde el podio, sino por lo que pueda destrabarse fuera de él.
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