Vivir con obesidad desde los ocho años puede afectar la salud al llegar a la adultez

Un niño que desarrolla obesidad a los ocho años puede llegar a la mayoría de edad con una década de exposición a alteraciones metabólicas

La exposición prolongada al exceso de tejido adiposo puede favorecer alteraciones metabólicas y vasculares desde edades tempranas, advierte un especialista

La obesidad infantil puede tener consecuencias que se extienden hasta la edad adulta, especialmente cuando comienza a edades tempranas y permanece durante varios años. Un niño que desarrolla obesidad a los ocho años puede llegar a los 18 después de una década de exposición a alteraciones metabólicas e inflamatorias, lo que incrementa el riesgo de presentar complicaciones de salud de manera prematura.

De acuerdo con el médico bariatra, David Montalvo, especialista en medicina cannábica la duración de la enfermedad es un factor importante para comprender sus efectos. El especialista advierte que el riesgo no depende únicamente del peso corporal, sino también del tiempo durante el cual el organismo permanece expuesto al exceso de tejido adiposo.

El problema adquiere relevancia ante el crecimiento de la obesidad entre niños y adolescentes. Según el informe Alimentando el negocio: Cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia, publicado por UNICEF en 2025, aproximadamente 188 millones de personas de entre 5 y 19 años viven con obesidad en el mundo.

Los datos del organismo indican que la prevalencia de obesidad en ese grupo de edad pasó de 3% en 2000 a 9.4%, mientras que el bajo peso disminuyó de casi 13% a 9.2%. Estas estimaciones, elaboradas con información de más de 190 países, muestran la magnitud de un problema que puede comenzar durante etapas decisivas del crecimiento.

Montalvo explica a NotiPress que el tejido adiposo participa en distintos procesos del organismo mediante la producción de sustancias como las citocinas. Cuando existe una acumulación excesiva de grasa durante periodos prolongados, pueden desarrollarse alteraciones que favorezcan una inflamación persistente de baja intensidad.

Esta situación puede contribuir al desarrollo de complicaciones como resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hipertensión arterial e hígado graso. El especialista señala que algunas de estas condiciones pueden aparecer a edades más tempranas cuando la obesidad se mantiene desde la infancia.

El médico también relaciona la obesidad infantil con dificultades para mantener una actividad física adecuada y con alteraciones del sueño, incluida la apnea. Estos factores pueden sumarse a los cambios metabólicos y contribuir al deterioro progresivo de la salud.

Entre los procesos que menciona se encuentra la aterosclerosis, caracterizada por la formación de placas en las arterias que pueden reducir el flujo sanguíneo. Según Montalvo, la exposición prolongada a factores metabólicos adversos puede favorecer alteraciones vasculares que se manifiesten antes de lo esperado.

El especialista explica que el organismo puede desarrollar circulación colateral cuando una obstrucción arterial aparece lentamente. Este mecanismo consiste en la formación o ampliación de vías alternativas para mantener el flujo sanguíneo. Sin embargo, advierte que su capacidad de compensación puede ser limitada cuando ocurre un evento cardiovascular a una edad temprana.

Desde su perspectiva, una persona que llega a los 30 años después de haber vivido con obesidad desde la infancia puede presentar condiciones distintas a las de alguien que desarrolló la enfermedad recientemente. La diferencia radica en los años de exposición a los cambios metabólicos y vasculares asociados.

Frente a estos riesgos, Montalvo considera importante atender el sobrepeso y la obesidad durante la infancia, sin esperar a que desaparezcan conforme avanza el crecimiento. Aclara que la atención no debe centrarse en imponer dietas restrictivas ni convertir el peso en la principal preocupación del menor.

El seguimiento médico permite evaluar el crecimiento, la alimentación, la actividad física, el descanso y otros factores relacionados con la salud. A partir de esa valoración, los profesionales pueden definir medidas adecuadas para la edad y la etapa de desarrollo de cada paciente.

El especialista también destaca la influencia del entorno familiar en la formación de hábitos alimentarios. Los niños aprenden a comer a partir de las prácticas cotidianas del hogar, condicionadas tanto por el ejemplo de los adultos como por las posibilidades económicas y culturales de cada familia.

Por ello, recomienda fomentar una alimentación saludable, actividad física y hábitos de sueño adecuados desde edades tempranas. Cuando un menor ya presenta sobrepeso u obesidad, señala que es importante acudir a un profesional de la salud con experiencia en la atención de niños y adolescentes.

La prevención y la atención oportuna buscan evitar que la enfermedad se prolongue durante años sin seguimiento. Para Montalvo, comprender la obesidad infantil como una condición que puede afectar distintos órganos y sistemas permite reconocer la importancia de intervenir durante el crecimiento, antes de que sus complicaciones se acumulen en la vida adulta.