Con una mortalidad superior al 95 %, esta enfermedad representa un desafío médico debido a su rápida evolución y las dificultades para diagnosticarla a tiempo
Una ameba microscópica que normalmente se alimenta de bacterias puede convertirse en una amenaza mortal cuando encuentra una vía de entrada al cerebro humano. Conocida como Naegleria fowleri, provoca una infección extremadamente rara que puede destruir tejido cerebral y avanzar rápidamente desde los primeros síntomas.
El microorganismo volvió a despertar preocupación tras la muerte de un niño de 10 años en Fiambalá, provincia de Catamarca, Argentina. El Ministerio de Salud provincial confirmó que el menor falleció por meningoencefalitis amebiana primaria, diagnóstico verificado por el laboratorio nacional de referencia ANLIS-Malbrán.
Aunque las autoridades investigan los posibles lugares de exposición, todavía no se confirmó dónde ocurrió la infección ni se identificaron otros casos relacionados.
Naegleria fowleri es un organismo unicelular de vida libre que habita principalmente en aguas dulces cálidas, como lagos, ríos y fuentes termales. También puede encontrarse en piscinas con cloración insuficiente y sistemas de agua contaminados, especialmente cuando existen condiciones favorables para su reproducción.
Esta ameba es termófila, característica que le permite desarrollarse en ambientes cálidos y reproducirse especialmente bien a temperaturas cercanas a los 46 grados Celsius.[img1]
La infección ocurre cuando el agua contaminada ingresa por la nariz, generalmente durante actividades como nadar, bucear o realizar determinados lavados nasales. Desde allí, el microorganismo puede desplazarse por el nervio olfatorio hasta alcanzar el cerebro, donde desencadena una inflamación grave y destruye tejido cerebral.
Sin embargo, beber agua que contenga esta ameba no provoca la infección, tampoco existe transmisión entre personas ni mediante gotículas respiratorias.
Conocida como meningoencefalitis amebiana primaria, esta infección poco frecuente presenta una mortalidad superior al 95 % de los casos registrados. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos registran habitualmente menos de diez infecciones anuales en ese país.
Los primeros síntomas pueden aparecer durante los días posteriores a la exposición e incluyen dolor de cabeza intenso, fiebre, náuseas y vómitos. Estas manifestaciones suelen confundirse con otras enfermedades, especialmente meningitis bacterianas, lo que dificulta reconocer rápidamente la infección y comenzar el tratamiento.
Conforme avanza, pueden presentarse rigidez de cuello, confusión, pérdida del equilibrio, convulsiones, alucinaciones y alteraciones neurológicas que pueden terminar en coma.
El tratamiento requiere atención hospitalaria urgente y puede incluir combinaciones de medicamentos, entre ellos antimicóticos y miltefosina, utilizados en algunos pacientes sobrevivientes. Para reducir el riesgo, los especialistas recomiendan evitar que el agua dulce cálida ingrese por la nariz durante actividades recreativas.
Utilizar pinzas nasales, mantener la cabeza fuera del agua y evitar remover sedimentos en zonas poco profundas son algunas medidas preventivas. También aconsejan emplear exclusivamente agua destilada, estéril o previamente hervida y enfriada para realizar lavados nasales.
Ante síntomas repentinos después de una posible exposición, buscar atención médica inmediata resulta fundamental debido a la rapidez con que puede progresar esta enfermedad.