
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
La producción de cocaína en Colombia entró en una etapa más amplia, tecnificada y conectada con mercados extranjeros. Financial Times alertó que el narcotráfico dejó atrás estructuras menos coordinadas y opera mediante redes con lógica empresarial. El cambio combina control territorial, cultivos de mayor rendimiento, laboratorios eficientes y rutas hacia distintos continentes.
El diario británico publicó el análisis What lies behind the new boom in Colombian cocaine, traducido como Qué hay detrás del nuevo auge de la cocaína colombiana. El reporte ubica esa transformación después del acuerdo de paz de 2016 con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En ese periodo, grupos armados y redes criminales ampliaron presencia en zonas con cultivos ilícitos, minería ilegal y contrabando.
De estructuras armadas a redes de negocio
La transformación descrita por Financial Times muestra organizaciones menos centradas en una identidad política y más orientadas a rentabilidad. Estas redes organizaron cadenas de suministro, controlaron territorios estratégicos y fortalecieron alianzas para mover cocaína fuera de Colombia. Ese modelo perjudicó al país al ampliar economías ilegales donde la autoridad estatal enfrenta mayor presión operativa.
Esta cadena productiva también cambió por variedades de coca con mayores rendimientos y laboratorios diseñados para acelerar procesos. Con esa capacidad, los grupos reducen tiempos de elaboración y sostienen niveles altos de producción pese a decomisos y operativos. El resultado es una economía ilícita más flexible, capaz de responder a controles estatales e internacionales.
Tras el acuerdo de 2016, varias estructuras ocuparon espacios dejados por la antigua guerrilla en zonas rurales. El cambio no implicó una organización única, sino redes capaces de asociarse según producción, transporte y salida marítima o terrestre. Esta fragmentación aumenta la dificultad de seguimiento porque cada eslabón puede operar con socios distintos. Para el Estado, esa distribución multiplica los puntos de intervención y demanda acciones simultáneas en regiones separadas.
Un mapa criminal con alcance externo
La expansión territorial aparece en la comparación de mapas elaborados con información de la Defensoría del Pueblo y otras fuentes. En 2019, la presencia se concentraba en Meta, Caquetá, Arauca, Casanare, Chocó, Cauca, Nariño y otros departamentos. El mapa más reciente muestra actividad o influencia en una porción considerable del territorio colombiano. Solo algunas zonas de Amazonas, Vaupés y el norte del Tolima aparecen fuera de esas áreas identificadas.
Su alcance fuera de Colombia explica por qué el fenómeno afecta la seguridad más allá de las zonas productoras. Las redes criminales conectan cargamentos con rutas que involucran varios países y destinos en distintos continentes. Esta logística amplía la rentabilidad del narcotráfico y complica la cooperación entre autoridades colombianas y extranjeras.
El perjuicio para Colombia se refleja en territorios con mayor disputa armada, comunidades expuestas y economías locales condicionadas por actividades ilegales. Financial Times describió un narcotráfico con más tecnología productiva, mayor cobertura territorial y conexiones comerciales fuera del país.
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