
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
Colombia llega al próximo relevo presidencial con una pregunta económica que trasciende el debate interno: si las cuentas públicas conservan margen suficiente para evitar una crisis de pagos. La inquietud ganó fuerza porque el desequilibrio fiscal acumulado, el mayor costo del endeudamiento y la necesidad de un ajuste prolongado ya condicionan las decisiones del siguiente gobierno.
Estas advertencias recientes surgieron en dos escenarios distintos. Juan Carlos Ramírez habló sobre este tema durante el Congreso Asofondos 2026, realizado en Cartagena de Indias y también en una entrevista con Blu Radio.
Ramírez, economista y presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF), describió un escenario exigente para la próxima administración. El organismo es una instancia técnica, permanente e independiente adscrita al Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
En sus intervenciones, el funcionario explicó que un default corresponde al "incumplimiento del pago de la deuda externa", y vinculó ese riesgo al deterioro persistente de las finanzas estatales. También sostuvo que el problema no responde a un solo factor, sino a varios años de déficit primario negativo y mayor necesidad de endeudamiento.
Sobre esa dinámica, Ramírez advirtió: "cada año acumulamos déficit y nos tenemos que endeudar y eso se vuelve pues una una bola de nieve que si se continúa en el tiempo, obviamente llegaríamos en un momento en que eso es insostenible". Esa descripción resume la presión que enfrenta el país cuando los ingresos corrientes no alcanzan para cubrir sus compromisos y obliga a buscar más financiamiento.
La magnitud del ajuste estimado concentra una parte central de la discusión. Durante el congreso en Cartagena, Ramírez afirmó que el próximo gobierno tendría que encarar un esfuerzo cercano a 4% del Producto Interno Bruto, una escala poco habitual frente a los precedentes recientes del país. El presidente del CARF resumió esa carga fiscal con una frase directa: "Eso es un ajuste tremendo".
Si se mide frente a la trayectoria histórica de Colombia, ese cálculo adquiere un alcance mayor. El propio Ramírez afirmó que, incluso en episodios de corrección intensa, los ajustes anuales no alcanzaron un punto del Producto Interno Bruto. Por eso, señaló que el país debería sostener ese esfuerzo durante varios años para corregir la trayectoria actual.
El diagnóstico también incluye límites importantes para una corrección acelerada. Ramírez planteó que el ajuste no podría ejecutarse de forma abrupta porque un choque de esa magnitud afectaría el crecimiento económico y encarecería todavía más el contexto financiero. A su juicio, la gradualidad debe combinar mayores ingresos, menores gastos y una reducción de la carga por intereses mediante un plan fiscal creíble.
La presión derivada de un deterioro adicional rebasaría los mercados financieros y las cuentas del Estado. Ramírez alertó que, en una crisis de esa naturaleza, se trastornan los consumos, se encarece el dinero. Esta situación golpearía el crédito, la actividad económica y la capacidad estatal para sostener beneficios sociales.
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