Bogotá,
Martín Olivera
Crédito foto: Presidencia de Colombia
Abelardo de la Espriella llegó a la Presidencia de Colombia con una agenda propia, pero un terremoto alteró sus prioridades apenas tres días después. El sismo de magnitud 7,4 golpeó especialmente el occidente del país y dejó al menos 331 muertos y 4.519 heridos.
Durante las primeras jornadas, el Gobierno instaló puestos de mando, movilizó recursos y coordinó operaciones de búsqueda mientras comenzaban los debates sobre ayuda internacional. La emergencia también expuso las dificultades de una administración recién posesionada, que todavía completaba equipos y enfrentaba decisiones urgentes sobre reconstrucción e infraestructura.
Cuando disminuyó la fase más crítica del desastre, la seguridad volvió a ocupar un lugar central dentro de la agenda presidencial. Desde el 7 de agosto, las autoridades reportaron 14.914 capturas, 49.379 kilos de estupefacientes incautados y 1.485 armas de fuego retiradas de circulación.
El balance oficial también incluyó 1.320,9 hectáreas de coca erradicadas, junto con operaciones terrestres, bombardeos e interdicciones contra distintas estructuras armadas. Entre ellas figuraron acciones contra disidencias de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional y organizaciones vinculadas al narcotráfico.
Una de las primeras operaciones ocurrió el 10 de agosto en Norte de Santander, donde fuerzas militares bombardearon posiciones del Ejército de Liberación Nacional. Posteriormente, acciones en Guaviare dejaron muertos y capturados entre integrantes de estructuras disidentes, además de armas, municiones y equipos incautados.
x @ABDELAESPRIELLA
La ofensiva también alcanzó al Clan del Golfo, los Comandos de Frontera y redes relacionadas con extorsión, secuestro y tráfico de drogas. En paralelo, una operación conjunta permitió capturar en Bogotá a alias Nairobi, señalado como cabecilla del Tren de Aragua en Perú y requerido por Estados Unidos.
El golpe más reciente ocurrió el 4 de septiembre en Riohacha, capital de La Guajira, durante una operación policial contra Naín Andrés Pérez Toncel. Conocido como "Bendito Menor", encabezaba el Frente Javier Cáceres de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, organización criminal del Caribe colombiano.
Las autoridades lo vinculaban con homicidios, secuestros, extorsiones y narcotráfico, además de cinco órdenes de captura y una circular roja de Interpol. Durante el operativo también murieron su pareja, conocida como "La Bebecita", y dos integrantes de su esquema de seguridad.
Su trayectoria criminal habría comenzado como sicario cuando tenía 19 años, antes de avanzar dentro de la estructura hasta asumir responsabilidades de mando. La Policía lo localizó después de más de veinte días de inteligencia, seguimientos e interceptaciones desarrollados para establecer sus movimientos y confirmar su ubicación.
En redes sociales alcanzó una alta visibilidad mediante publicaciones donde aparecía armado, con dinero o acompañado por integrantes de su círculo cercano. El operativo cerró un primer mes marcado por una catástrofe natural y por una estrategia gubernamental enfocada en aumentar la presión contra organizaciones armadas.
Sin embargo, ese endurecimiento también enfrenta límites institucionales después de operaciones aéreas donde murieron menores reclutados por grupos armados en Guaviare. Decisiones judiciales posteriores exigieron reforzar las medidas de prevención cuando exista información verificable sobre presencia de niños y adolescentes en posibles objetivos militares.