
Foto: Patricia Manero (NotiPress/Composición)
Tras el regreso del lobo mexicano a territorios del norte del país donde llevaba más de 50 años ausente, se lleva acabo la liberación de cinco ejemplares en una nueva fase del programa de reintroducción de la especie. El hecho marca un cambio en zonas que dejaron de convivir con este depredador durante décadas y abre un periodo de seguimiento para medir su adaptación en vida silvestre.
En el noroeste de Chihuahua, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) liberaron una hembra de aproximadamente cinco años. En la Sierra Madre Occidental, en Durango, ambas instituciones llevaron a cabo la liberación de otros cuatro ejemplares como parte de la estrategia binacional entre México y Estados Unidos para recuperar al lobo gris mexicano.
Los animales fueron equipados con collares satelitales y de radiotelemetría, además de quedar bajo observación mediante cámaras trampa. Ese monitoreo permitirá conocer sus desplazamientos, el uso del territorio y sus condiciones de adaptación en áreas donde la especie había desaparecido hace más de medio siglo.
Dicha liberación ocurre dentro del Programa de Acción para la Conservación de la Especie (PACE), vinculado a una colaboración internacional iniciada desde la década de 1970. De acuerdo con la información difundida por las autoridades, el lobo mexicano fue llevado al borde de la extinción por la expansión ganadera y por campañas de erradicación.
Este retorno de la especie a la Sierra Madre Occidental coloca ahora el foco en una etapa distinta del proceso: comprobar si los ejemplares pueden sostenerse en libertad tras décadas de ausencia. La liberación funciona así como un punto de partida, no como el cierre del programa, porque el seguimiento técnico definirá cómo se desplazan, qué zonas ocupan y cómo responden al entorno.
Las autoridades también relacionaron el regreso del lobo con la recuperación del equilibrio ecológico. Según la fuente oficial, esta especie cumple una función en la regulación de poblaciones y en la salud de ecosistemas como bosques, desiertos y pastizales. Esa presencia vuelve relevante el resultado de cada liberación, ya que el comportamiento de los ejemplares ofrecerá señales sobre la posibilidad de recuperar parte de esa función en su hábitat natural.
Otro dato central del operativo está en la relación con los pobladores de las regiones donde fueron liberados los animales. Las instituciones solicitaron el apoyo de las comunidades para coadyuvar en el bienestar de los ejemplares. Esa petición introduce un elemento práctico en la reintroducción, porque el regreso del lobo mexicano no se desarrolla en aislamiento, sino en territorios donde también existen actividades humanas y presencia local permanente.
México reporta avances en la reintroducción del lobo gris mexicano desde 2011. Las liberaciones de Chihuahua y Durango añaden una nueva referencia a ese proceso, al devolver la especie a zonas del norte del país donde su rastro había quedado fuera del paisaje durante más de cinco décadas y donde su adaptación será observada con seguimiento satelital y cámaras trampa.
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