¿Busca Trump a la Delcy Rodríguez cubana para negociar el cambio en Cuba?

 22-02-2026
Martín Olivera
   
Portada | Internacional
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Estados Unidos estaría explorando una transición pactada en Cuba, similar a la fórmula aplicada en Venezuela, mediante el contacto informal con figuras del entorno castrista. Bajo la estrategia desplegada por la administración de Donald Trump, el objetivo habría sido evitar un colapso total del régimen, promoviendo un relevo desde dentro del sistema político cubano.

Diversos reportes, como los publicados por Axios, señalaron que las conversaciones se habrían dado entre funcionarios cercanos al presidente Trump y miembros de la familia Castro, especialmente Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Conocido como "Raulito", el nieto de Raúl Castro mantiene influencia en los cuerpos de seguridad del Estado y representa a una generación menos ideologizada, con vínculos empresariales y mayor apertura a escenarios de reforma.

El contexto en el que se dan estos contactos está marcado por una profunda crisis estructural en Cuba. Años de escasez de combustible, problemas en el sistema eléctrico, caída del turismo y una economía centralizada sin capacidad de respuesta deterioraron la estabilidad interna. A esto se suma la pérdida de respaldo externo, particularmente tras la captura y extradición del dictador venezolano Nicolás Maduro, lo que redujo drásticamente los envíos de petróleo a la isla.

La estrategia estadounidense parecería centrarse en aislar a los sectores más duros del régimen —asociados al presidente Miguel Díaz-Canel—, al tiempo que se abren canales informales con actores considerados más pragmáticos. La figura de una posible "Delcy Rodríguez cubana" cobra relevancia en este escenario. Al igual que ocurrió en el proceso venezolano, se evaluaría la posibilidad de impulsar a un interlocutor aceptado por Washington, pero aún vinculado al aparato de poder local, para liderar una transición sin ruptura institucional.

Este enfoque implicaría una doble vía: presión internacional mediante sanciones económicas y procesos judiciales, junto con una vía diplomática discreta orientada a facilitar una salida ordenada. En este marco, el pedido de legisladores estadounidenses para procesar penalmente a Raúl Castro por su presunta participación en el derribo de una aeronave civil en 1996 se inscribe como una herramienta de presión política paralela, más que como un freno al diálogo.

La transición contemplada no implicaría necesariamente una democratización inmediata, sino un cambio progresivo que permita garantizar gobernabilidad en el corto plazo. La inclusión de actores del propio régimen respondería a una lógica de realismo político, con el fin de evitar un vacío de poder que agrave la crisis humanitaria existente en la isla.

Ante la pérdida de respaldo internacional, el deterioro económico y el alejamiento de nuevas generaciones dentro del régimen, Cuba atraviesa una coyuntura crítica. En ese contexto, el modelo venezolano se presenta como un precedente viable para actores estadounidenses que buscan una transición en Cuba sin intervención directa ni confrontación total.




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