
Foto: UNESCO
Un incendio de alcance limitado puede dejar consecuencias prolongadas cuando afecta pendientes pronunciadas, vegetación primaria y una infraestructura turística concentrada en pocos accesos. En Machu Picchu, el peligro inmediato incluye las llamas, pero también la posible pérdida de estabilidad del suelo después de la emergencia.
El fuego comenzó el lunes 3 de agosto de 2026 cerca de la base del cerro Poques, dentro del Santuario Histórico de Machu Picchu. Una evaluación preliminar reportó 1,5 hectáreas afectadas a la altura del kilómetro 107,4 de la vía ferroviaria.
Tras una evaluación técnica, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado determinó que el incendio presenta focos superficiales y subterráneos. Esta condición puede dificultar el control porque el fuego permanece bajo raíces y materia orgánica antes de reaparecer en zonas aparentemente contenidas.
Daños que pueden continuar después del fuego
El bosque primario cumple una función directa en la estabilidad de las laderas mediante raíces que sujetan suelos expuestos a fuertes pendientes. La pérdida de vegetación puede favorecer erosión, desprendimientos y desplazamientos de materiales cuando regresen lluvias intensas a la región montañosa.
Sobre terrenos con pendientes cercanas al 70%, los equipos trabajan bajo riesgo de rocas, troncos y acceso limitado. Participan 15 guardaparques, ocho trabajadores municipales y seis empleados vinculados al transporte, además del apoyo anunciado por las Fuerzas Armadas.
Hasta el momento, las autoridades no informaron daños en la ciudadela inca, situada a más de 2.400 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, el santuario protegido comprende un paisaje donde patrimonio arqueológico, bosque nuboso, laderas escarpadas y rutas de transporte permanecen estrechamente conectados.
UNESCO
Este daño en raíces y cobertura vegetal puede continuar tras extinguirse el fuego, especialmente en pendientes expuestas a lluvias estacionales. Ese deterioro podría incrementar la caída de piedras, árboles o sedimentos sobre vías utilizadas por visitantes, trabajadores y comunidades cercanas.
Un corredor turístico con pocas alternativas
La emergencia obligó a suspender temporalmente la circulación ferroviaria en el tramo afectado para proteger a pasajeros y personal operativo. Perú Rail canceló tres salidas desde Ollantaytambo y siete desde Machu Picchu durante la interrupción registrada el martes 4 de agosto.
El ferrocarril constituye el principal medio de transporte masivo hacia la ciudadela y conecta hoteles, restaurantes, guías, operadores y servicios del Valle Sagrado. Cada cierre puede alterar itinerarios internacionales, reducir actividades turísticas y afectar ingresos vinculados directamente con la llegada diaria de visitantes.
Machu Picchu recibe hasta 5.600 personas cada jornada desde junio, cuando comenzó la temporada alta y aumentó el aforo previamente establecido. Esa concentración de viajeros amplía las necesidades de transporte, alojamiento, información y respuesta ante incendios, deslizamientos o interrupciones del servicio ferroviario.
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