Ciudad de México,
Axel Olivares
Crédito foto: X @WhiteHouse
Xi Jinping dejó Estados Unidos rumbo a Pekín después de una visita de Estado de tres días para reencontrarse con su par norteamericano, Donald Trump. Durante su estadía, el mandatario chino y su esposa, Peng Liyuan, se sumergieron en una agenda diplomática que buscó limar las asperezas entre ambos Gobiernos.
El viaje, el primero de Xi a Washington en más de una década, incluyó conversaciones a puerta cerrada, una cena de Estado, una reunión para tomar el té y una visita a los Archivos Nacionales. Durante la cena de Estado, Trump obsequió a Xi Jinping y a su esposa Peng una estatua de un águila calva hecha a medida. "El águila calva es un símbolo nacional de los Estados Unidos y una encarnación del espíritu libre y majestuoso de América, y esperamos que encuentre un buen lugar, un lugar maravilloso, en Pekín".
Fuente: White House
Según comunicaron ambos presidentes, las conversaciones giraron en torno a inteligencia artificial, Taiwán y la guerra con Irán. Al momento de la partida, sin embargo, varios de los asuntos económicos que habían generado expectativas antes del encuentro permanecían sin precisiones públicas.
De todos modos, los dos líderes presentaron la relación bilateral en términos positivos y anticiparon nuevos encuentros durante las cumbres de APEC y G20 antes de finalizar el año.
La IA fue uno de los asuntos sobre los cuales ambos mandatarios dejaron mensajes públicos más definidos. Xi sostuvo que Estados Unidos y China tienen responsabilidades compartidas para mantener el desarrollo tecnológico bajo control humano y orientado al bienestar de las personas.
También defendió la posibilidad de colaborar pese a la rivalidad entre las dos potencias. "Si bien existe competencia entre ambas partes, hay un margen aún mayor para la cooperación", afirmó.
La composición de la cena de Estado reforzó el peso concedido al sector tecnológico. Entre los invitados estuvieron dirigentes de grandes compañías estadounidenses. Cuatro figuras del sector ocuparon lugares privilegiados junto a Trump y Xi: Jensen Huang (NVIDIA), Lisa Su (Advanced Micro Devices), Elon Musk (SpaceX, X, Tesla) y Tim Cook (Apple).
Para esta visita se esperaba inicialmente una delegación empresarial china, pero finalmente los CEO chinos no aparecieron en la cena de Estado.
Uno de los temas más delicados estuvo, obligatoriamente, sobre la mesa. Xi pidió a Washington mantener una posición contraria a la independencia de la isla y abordar el asunto "con prudencia".
Estados Unidos reconoce a la República Popular China como el único Gobierno legítimo de China y no apoya la independencia taiwanesa, aunque tampoco reconoce la reivindicación de soberanía de Pekín sobre la isla. Washington, además, mantiene relaciones no oficiales con Taipei y le ha proporcionado millonarios acuerdos armamentistas, los cuales han provocado la furia de China.
El presidente chino fue tajante al asegurar que "China espera que Estados Unidos mantenga la postura correcta de oponerse a la independencia de Taiwán".
La guerra entre Estados Unidos e Irán también entró en las conversaciones. China ha sido golpeada por el cierre del estrecho de Ormuz, obligando a Pekín a reestructurar su cadena de suministro. En este sentido, Xi expresó su respaldo a que Washington y Teherán regresaran al memorando de entendimiento de 14 puntos alcanzado en junio y retomaran las negociaciones sobre la cuestión nuclear.
Trump confirmó que había hablado del conflicto con el mandatario chino. Consultado sobre posibles avances alrededor del estrecho de Ormuz, respondió: "Creo que nos irá muy bien", sin aportar más información sobre posibles acuerdos.
Trump aseguró que las conversaciones produjeron avances para ambas economías. "Hemos logrado grandes avances, muy positivos para ambos países", declaró durante el segundo día de la visita.
Algo similar ocurrió con la agricultura estadounidense. Antes de tomar el té con Xi, Trump adelantó que los productores del país "van a estar muy contentos" con el resultado de las conversaciones. No especificó, sin embargo, qué medidas o decisiones permitirían anticipar ese resultado.
Xi, por su parte, insistió en ampliar la cooperación bilateral y reducir los asuntos de conflicto. Para eso, recordó el interés de George Washington por la porcelana china, así como la cooperación entre fuerzas estadounidenses y chinas contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial y la visita de Richard Nixon a China en 1972, un momento decisivo en la normalización de los vínculos bilaterales.
"Cultivemos juntos las hermosas flores de la amistad sino-estadounidense. Escribamos juntos un nuevo capítulo en nuestras relaciones amistosas", afirmó Xi.Al cerrar su discurso, sostuvo además que el objetivo de Trump de "Hacer a Estados Unidos grande de nuevo" podía coexistir con su propia meta del "gran rejuvenecimiento nacional" de China, una formulación con la que buscó presentar la competencia entre ambas potencias como compatible con una relación estable.
Los minerales críticos fueron uno de los temas económicos de mayor peso antes de la llegada de Xi. China concentra aproximadamente el 90% del procesamiento mundial de tierras raras y sus imanes, utilizados en productos que abarcan desde automóviles y teléfonos hasta sistemas militares.
Pekín había impuesto licencias de exportación para varios de estos materiales y, aunque algunas restricciones más severas fueron aplazadas dentro de la tregua comercial con Estados Unidos, los envíos habían comenzado a disminuir nuevamente.
Pese a esa importancia, durante la visita no se hicieron públicos nuevos compromisos sobre tierras raras, cambios en las licencias de exportación o mecanismos para responder a las preocupaciones estadounidenses.