Ciudad de México,
Martín Olivera
Crédito foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
Brasil entró en una nueva fase electoral después de dos sondeos consecutivos que colocaron a Flávio Bolsonaro por delante de Luiz Inácio Lula da Silva. Por primera vez, el senador aparece arriba del actual presidente en una simulación de segunda vuelta que ya cambió el tono de la disputa pública.
La consultora Quaest lo midió con 42% frente a 40%. Datafolha registró 46% contra 45%. En ambos casos, la diferencia sigue dentro del margen de error y mantiene el escenario de empate técnico.
Aun así, el dato tiene peso político porque muestra un deterioro sostenido para el gobierno. También confirma que Flávio Bolsonaro ya dejó de ser una hipótesis marginal dentro de la conversación presidencial rumbo a 2026.
Lula respondió con una agenda centrada en el bolsillo, un terreno sensible cuando el electorado percibe que sus ingresos pierden capacidad de compra. Su administración anunció el envío al Congreso del proyecto para terminar con la escala laboral seis por uno, una medida que busca impacto social y político.
El gobierno también volvió a insistir en medidas para aliviar las deudas familiares, mientras intenta instalar la idea de que todavía conserva iniciativa. En paralelo, el presidente reforzó su exposición pública con videos de entrenamiento físico para neutralizar las dudas sobre su edad y resistencia electoral.
Del otro lado, Flávio Bolsonaro buscó mostrarse como una figura más amplia que el núcleo duro identificado con su apellido. El senador multiplicó apariciones en medios y trató de proyectar una imagen más joven, menos confrontativa y con mayor capacidad de crecimiento.
Esa construcción importa porque el desafío opositor no pasa solo por conservar a los votantes tradicionales de la derecha. También depende de sumar apoyos entre sectores moderados, independientes y grupos económicos atentos a la estabilidad institucional y fiscal.
Los datos de primera vuelta todavía dejan a Lula al frente, con 37% frente a 32% de Flávio Bolsonaro en la medición más reciente de Quaest. Sin embargo, la novedad del balotaje pesa más porque expone qué candidato logra crecer cuando la elección se reduce a dos nombres.
El estudio también registró una desaprobación del gobierno de 52% y una aprobación de 43%. Ese desgaste aparece ligado a un malestar económico persistente, en un contexto donde buena parte de la población sigue con dificultades para pagar sus cuentas.
Con ese telón de fondo, la carrera presidencial brasileña empezó antes de tiempo. Lula necesita convertir gestión en alivio visible, mientras Flávio Bolsonaro debe demostrar que puede expandirse sin depender solo del capital político familiar.