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El açaí pasó de ser un alimento tradicional amazónico a ocupar menús, tiendas y productos saludables en numerosos mercados del mundo. Su creciente popularidad también modificó formas de producción en la Amazonia brasileña, donde aumentar el rendimiento puede transformar la estructura natural del bosque.
Un estudio publicado en Biological Conservation examinó ese proceso en bosques inundables del estado de Pará, una de las principales regiones productoras. La investigación analizó 36 áreas forestales distribuidas entre Belém, Barcarena, Abaetetuba e Igarapé-Miri, dentro de una zona especialmente vinculada con este fruto.
Durante el trabajo de campo, los científicos reunieron 127 horas de grabaciones y detectaron sonidos correspondientes a casi 3.580 aves. Los resultados mostraron que las áreas con mayor concentración de palmeras de açaí registraron hasta 28% menos especies de aves.
Cuando producir más modifica el bosque
La preocupación no está relacionada con la existencia del açaí, sino con determinadas formas intensivas utilizadas para aumentar su producción. Para facilitar la cosecha y favorecer las palmeras, algunos productores eliminan vegetación nativa y despejan el sotobosque presente bajo las copas.
Muchas especies resultan especialmente afectadas cuando dependen de frutos, insectos, arbustos o árboles grandes para alimentarse, refugiarse y reproducirse. Aves frugívoras e insectívoras aparecen entre las más sensibles, mientras algunas especies generalistas consiguen mantenerse mejor dentro de ambientes modificados.
Esa diferencia puede terminar creando comunidades de aves más uniformes, con mayor presencia de especies adaptables y menor representación de organismos especializados. En la Amazonia, semejante simplificación resulta relevante porque las aves participan en procesos relacionados con la dispersión de semillas y la regeneración vegetal.
"Se produce un efecto dominó", explicó Raphael de Vasconcelos Nunes, biólogo de la Universidad Federal de Pará y coautor del estudio. Su descripción apunta a cambios acumulativos capaces de afectar relaciones ecológicas que dependen de la presencia simultánea de animales y vegetación diversa.
Un mercado creciente frente a la biodiversidad
Brasil multiplicó por 14 su producción de açaí desde 1987 y alcanzó 1,9 millones de toneladas métricas durante 2024. Pará concentra cerca del 95% de esa actividad y abastece tanto al consumo brasileño como a diferentes destinos de exportación.
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Durante 2025, las ventas internacionales de derivados provenientes de Pará crecieron casi 885% y alcanzaron 177,2 millones de dólares. Estados Unidos aparece como principal destino, mientras Australia, Japón y mercados europeos también reciben productos elaborados a partir del fruto amazónico.
Ese crecimiento comercial incrementa los incentivos para obtener mayores rendimientos, especialmente en territorios donde numerosas familias dependen económicamente de esta actividad. El desafío surge cuando la intensificación reemplaza vegetación diversa por concentraciones mayores de palmeras y reduce la complejidad característica de los bosques inundables.
Una de las alternativas analizadas en el estudio propone sistemas productivos más diversos, capaces de combinar el açaí con otros cultivos amazónicos. Mantener distintas especies vegetales permitiría conservar una estructura forestal más compleja mientras las comunidades continúan obteniendo ingresos mediante actividades vinculadas con la bioeconomía.
El debate sobre el açaí trasciende así las propiedades nutricionales que impulsaron su reconocimiento fuera de la Amazonia. Su crecimiento muestra cómo un producto asociado con naturaleza y bienestar también puede enfrentar desafíos ambientales cuando cambia la manera de producirlo.
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