
Foto: Gustavo Torres (NotiPress/Composición)
Las pequeñas empresas en México recurren al financiamiento de proveedores casi tres veces más que al crédito de la banca comercial. Se trata de una dependencia que convierte las ventas a plazo en una fuente clave de recursos, pero también incrementa el riesgo de problemas de liquidez en las cadenas de suministro.
Durante el primer trimestre de 2026, 63.5% de las empresas con hasta 100 empleados utilizó financiamiento de proveedores. Mientras, solo 23% recurrió al crédito de la banca comercial, de acuerdo con la Encuesta sobre el Financiamiento de las Empresas de Banco de México (Banxico). La diferencia también se observó entre las empresas de mayor tamaño, aunque con una brecha menor. Entre las compañías con más de 100 trabajadores, el financiamiento de proveedores alcanzó 71.2%, frente al 40.4% que utilizó crédito bancario.
El crédito comercial gana terreno
Para el conjunto de las empresas encuestadas, el uso de proveedores como fuente de recursos aumentó de 62.2% al cierre de 2025 a 64.3% en el primer trimestre de 2026. En contraste, el crédito de la banca comercial disminuyó de 26.5% a 25% en el mismo periodo.
El crédito de proveedores se genera cuando una empresa recibe bienes o servicios y obtiene un plazo para liquidar el pago. Durante ese tiempo, el vendedor debe mantener sus operaciones sin haber recibido los recursos correspondientes.
La dependencia de este esquema resulta especialmente relevante en un país donde predominan los negocios de menor tamaño. Los Censos Económicos 2024 muestran que las microempresas representaron 95.5% de las unidades económicas privadas y paraestatales en 2023. Aunque concentraron 41.5% del personal ocupado, generaron solo 17.1% de los ingresos totales.
En este contexto, Solunion México identificó la administración de las cuentas por cobrar como uno de los principales desafíos para preservar la liquidez empresarial. La firma señaló que, en diversos sectores, los plazos de pago pueden extenderse entre 30 y 90 días, periodo durante el cual las compañías deben seguir cubriendo nómina, impuestos, servicios y obligaciones con otros proveedores.
"El verdadero crecimiento no depende únicamente de vender más, sino de cobrar a tiempo. Una factura impagada puede afectar el flujo de efectivo, retrasar inversiones, limitar la capacidad de operación e incluso poner en riesgo la continuidad de una empresa", afirmó Roberto Ricalde, director de Riesgos de Solunion México, para NotiPress.
Entre las prácticas que elevan la exposición al impago, la compañía mencionó otorgar crédito sin evaluar la solvencia del comprador, dejar de monitorear su situación financiera y concentrar las ventas en pocos clientes. También advirtió sobre la importancia de atender señales como solicitudes recurrentes de prórrogas o cambios en los hábitos de pago.
Cuando un comprador retrasa una factura, el problema puede extenderse a otros participantes de la cadena productiva. Los proveedores enfrentan entonces dificultades para pagar salarios, adquirir inventario o cumplir sus propios compromisos financieros.
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