
Foto: Sergio F Cara (NotiPress)
En México, 62.8% de las viviendas propias son autoproducidas, de acuerdo con información de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu). Este esquema permite a las familias avanzar conforme a sus posibilidades económicas, pero las obras detenidas, las compras sin planificación y los trabajos que deben rehacerse pueden elevar el costo de construir una vivienda.
La dependencia de los recursos familiares ayuda a explicar esta dinámica. El 86.8% de los hogares que autoproducen su vivienda utiliza exclusivamente recursos propios, mientras el financiamiento privado y público tiene una participación menor. Por ello, el ritmo de construcción queda estrechamente relacionado con la capacidad de ahorro disponible.
Cuando una obra permanece detenida durante meses, el presupuesto inicial puede dejar de reflejar los costos posteriores. Los precios de los insumos pueden cambiar y algunos materiales almacenados pueden deteriorarse, dejar de ser adecuados para determinadas aplicaciones o desperdiciarse cuando las cantidades fueron calculadas incorrectamente.
El entorno de precios también influye. En agosto de 2026, el Índice Nacional de Precios Productor registró un incremento anual de 2.99%, según el INEGI. En una construcción que avanza por etapas, estas variaciones pueden modificar el costo previsto entre una fase y la siguiente.
La planeación puede comenzar antes de comprar los materiales. Definir qué se construirá, identificar la etapa de la obra, estimar cantidades, establecer prioridades y comparar alternativas permite tomar decisiones considerando el proyecto completo y no únicamente una necesidad inmediata.
"Uno de los principales errores es comprar sin tener claro qué se va a construir, en qué etapa está la obra y qué material realmente se necesita. La capacitación ayuda a que la familia no vea solamente el precio del producto, sino su rendimiento, aplicación y costo dentro de todo el proyecto", explica Celina Hernández, gerente comercial de Materiales San Cayetano.
La autoproducción, sin embargo, no implica necesariamente informalidad o baja calidad. Las políticas públicas reconocen la autoproducción y la autoconstrucción como mecanismos para gestionar y construir vivienda, además de contemplar la asistencia técnica para mejorar aspectos como diseño, presupuesto, selección de materiales, procesos constructivos, habitabilidad y seguridad estructural.
En este escenario, la capacitación puede contribuir a que las familias conozcan aplicaciones, calculen cantidades y reduzcan errores al destinar sus ahorros a una obra. Materiales San Cayetano Express ha incorporado capacitación técnica en sus ocho puntos de venta, con contenidos dirigidos al uso de materiales y a las decisiones relacionadas con la autoconstrucción.
El aprendizaje también puede tener una aplicación laboral. Quienes desarrollan conocimientos técnicos durante este proceso pueden utilizarlos posteriormente para realizar trabajos para terceros y generar una fuente de autoempleo.
"La autoconstrucción puede convertirse en una oportunidad de desarrollo cuando las personas tienen acceso al conocimiento. No se trata solamente de enseñar a colocar un material; buscamos que quienes participan entiendan cómo planear, cómo optimizar sus recursos y, si así lo desean, puedan convertir lo aprendido en una herramienta para generar ingresos", señala Hernández.
La dimensión económica de la actividad trasciende cada vivienda. El Sistema Nacional de Información e Indicadores de Vivienda señala que la autoproducción moviliza economías locales mediante la compra de materiales y la contratación de albañiles, herreros, electricistas y otros trabajadores. Con base en información de la ENIGH, el organismo reporta además que en 2024 el PIB del sector vivienda alcanzó 1.69 billones de pesos, equivalente a 5.4% del PIB nacional.
Para los hogares que construyen por etapas, profesionalizar el proceso no significa abandonar la autoproducción. Implica acompañar el ahorro con un proyecto, presupuesto, materiales adecuados y conocimiento técnico para reducir el riesgo de desperdiciar recursos o pagar dos veces por un mismo trabajo.
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