Sábado, 26 de septiembre de 2026

Un retraso puede mandar 18 toneladas de alimentos a la basura

Una carga de perecederos rechazada en EU no solo implica perder el producto

Ciudad de México, 26-09-2026   Patricia Manero

Crédito foto: Cortesía

Un retraso en la entrega de alimentos perecederos puede reducir rápidamente las posibilidades de comercializarlos en Estados Unidos y, en determinados casos, llevar al desecho de una carga todavía apta para consumo. Para las pymes mexicanas exportadoras, la pérdida puede extenderse desde el valor de la mercancía hasta los costos de almacenamiento, traslado, cadena de frío y destrucción.

De acuerdo con Marco, empresa de infraestructura financiera y administrativa para compañías latinoamericanas con operaciones en Estados Unidos, enviar una carga de aproximadamente 18 toneladas a un relleno sanitario puede costar entre US$800 y US$2,000, dependiendo del estado. La cifra no contempla otros gastos derivados del rechazo, como trasladar la mercancía hasta el lugar de disposición, almacenarla mientras se determina su destino o mantenerla refrigerada.

El riesgo aumenta con productos de vida de anaquel limitada. Jitomate, lechuga, pepino, pimiento y bayas pueden perder rápidamente las condiciones requeridas por el distribuidor cuando existen demoras logísticas. Cada retraso también reduce el tiempo disponible para encontrar un comprador alternativo antes de que el alimento deje de ser comercializable.

Los rechazos no necesariamente ocurren porque el producto haya perdido sus propiedades para consumo. La Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) señala que algunos alimentos quedan fuera del mercado por criterios de color, apariencia, variedad o presentación, aunque mantengan sus propiedades nutritivas.

"Cuando los distribuidores devuelven productos a sus proveedores, los costos logísticos pueden llevar a que el proveedor termine optando por desechar mercancía que todavía es apta para el consumo humano", explicó Esther Escárzaga, Gerente de Alianzas Agrícolas de BAMX.

El problema se suma al desperdicio que ocurre antes de que los productos lleguen a los mercados internacionales. En el marco del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, BAMX advierte que entre 30% y 40% de los alimentos se desperdician desde el campo mexicano, además de las mermas posteriores relacionadas con devoluciones y rechazos.

Ante este escenario, la organización promueve acuerdos previos entre productores y distribuidores para disponer de alternativas cuando una mercancía no cumpla con determinadas especificaciones estéticas. Restaurantes, otros compradores o bancos de alimentos pueden convertirse en una segunda salida antes de recurrir a su destrucción.

Dentro de esta estrategia se encuentra Cross Borders, proyecto orientado a encontrar mecanismos para rescatar excedentes de producción desde el campo mexicano. Cuando los volúmenes superan la capacidad de los bancos de alimentos nacionales, el esquema contempla canalizarlos hacia bancos de alimentos en Estados Unidos, siempre bajo la premisa de que cumplan con los requisitos de inocuidad.

Para los exportadores, sin embargo, el riesgo financiero no desaparece cuando consiguen vender la mercancía. En las operaciones con perecederos, los plazos de cobro pueden rondar los 45 días o más, mientras las empresas deben continuar pagando a productores, transportistas y otros proveedores.

Mover posteriormente esos recursos entre Estados Unidos y México incorpora otras variables. Comisiones por transferencias y diferencias cambiarias pueden reducir el margen de la operación y afectar el capital disponible para continuar trabajando.

"Para un exportador de perecederos, no basta con saber cuánto vendió en dólares, sino cuánto de ese dinero termina realmente disponible en México y cuándo", señaló Luis Garza, Director of Business Development de Marco, quien destacó el efecto de los tiempos de cobro, el tipo de cambio y las comisiones sobre la liquidez.

Frente a estos riesgos, Marco plantea herramientas para cobrar y administrar dólares en Estados Unidos antes de convertirlos o transferirlos a México, así como mecanismos para gestionar la exposición cambiaria. BAMX, por su parte, concentra sus esfuerzos en ampliar las alternativas disponibles cuando una carga mantiene condiciones para consumo pero pierde su salida comercial original.

Para las pymes mexicanas que exportan perecederos, anticipar qué ocurrirá ante un retraso o rechazo puede evitar que la destrucción se convierta en la única opción. Una carga perdida no representa solamente 18 toneladas de alimentos fuera del mercado: también puede desencadenar una sucesión de costos que presiona la liquidez necesaria para mantener la siguiente operación.

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