Anthropic, “Cancel ChatGPT” y la ética de la IA

 05-03-2026
Pablo A. Ruz Salmones
   
Portada | Opinión
Foto: Gustavo Torres (NotiPress)

Foto: Gustavo Torres (NotiPress)

El pasado sábado (28 de febrero de 2026), por primera vez en la historia, las descargas de Claude -el modelo de Anthropic- superaron a las de ChatGPT en Estados Unidos. Al mismo tiempo, OpenAI registró un aumento del 295 % en las desinstalaciones de su aplicación, impulsadas por el movimiento "Cancel ChatGPT".

Un breve recuento

¿La razón detrás de este fenómeno? Una decisión oportunista de Sam Altman y OpenAI: firmar contratos con el Departamento de Guerra de Estados Unidos, luego de que este -por orden de Donald Trump- cancelara los acuerdos que mantenía con Anthropic.

Anthropic se negó a eliminar dos cláusulas clave de sus contratos con el Pentágono. Estas habrían permitido el uso de sus modelos de IA para espiar masivamente a ciudadanos estadounidenses y para integrarlos en armas autónomas, aparentemente sin supervisión alguna. OpenAI, en cambio, logró un acuerdo con el Pentágono apenas cancelados los contratos de Anthropic, aceptando -al menos en apariencia- condiciones que su competidor había rechazado.

Una cuestión ética… y de negocio

Siempre he defendido que actuar con principios no solo es lo correcto, sino que también tiene repercusiones en los negocios. Lo ocurrido entre Anthropic y OpenAI es revelador: en un mundo donde a veces parece que la ética se relega a un segundo plano, los usuarios han respondido. Las desinstalaciones de ChatGPT y el auge de Claude no responden a una cuestión técnica o de experiencia de usuario, sino a una percepción ética.

La parálisis de los organismos internacionales y la impotencia de la sociedad en general frente a conflictos como Gaza, la escalada entre Estados Unidos e Israel en Irán, o la voracidad de las élites globales, llevaron a muchos -incluyendo probablemente a OpenAI- a pensar que la ética era un factor prescindible. Que a la gente no le importaría lo suficiente como para afectar el negocio de una empresa.

Pero quienes aún creemos que la ética importa celebramos ver movimientos donde las personas alzan la voz para definir cómo debe usarse una tecnología tan poderosa como la inteligencia artificial.

Cada uno puede tener su postura sobre si la IA debe emplearse para los fines que busca el Departamento de Guerra. No pretendo zanjar ese debate aquí, sino subrayar que precisamente en un mundo que parece cada vez más indiferente, el que ese debate exista muestra que la ética sí puede ser el centro de la conversación.

Un mundo de humanos

Me dedico a desarrollar IA. Creo profundamente en su potencial para transformar la vida de las personas, los negocios y los países. Es una de las herramientas más poderosas que hemos creado en décadas, y su impacto ya es innegable.

Pero también creo que una sociedad se define, en el día a día, por los seres humanos. Somos una sociedad de personas, y estas personas dijeron "no" cuando percibieron una amenaza directa a su privacidad y su vida.

Muchos temen que la IA nos deje a todos sin trabajo. Yo lo pensaría dos veces; no porque la tecnología carezca de esa capacidad - no tengo duda de que nos superará en casi todo - sino porque lo que este fenómeno ha puesto en evidencia es lo que siempre les digo a las personas cuando me preguntan si temo que la tecnología me reemplace como pianista: "Nunca nadie fue a un concierto de pianola". Esto es, este fenómeno ha claramente establecido que la capacidad tecnológica no tiene la última palabra. La libertad y la voluntad humana sí.

Este mundo es nuestro. No lo olvidemos nunca.




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