Ciudad de México,
Óscar Ávila
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)
Durante décadas, el liderazgo empresarial se entendió como un ejercicio de autoridad vertical, rígido y muchas veces distante. El poder se medía en jerarquías y en la capacidad de imponer decisiones. Sin embargo, el siglo XXI ha traído consigo un cambio de paradigma que no solo cuestiona esa visión, sino que la reemplaza por un modelo más humano, más cercano y, sobre todo, más eficaz: el liderazgo en femenino.
No se trata de un asunto de cuotas ni de una batalla de géneros. Se trata de talento y emociones, como bien lo plantea Xavier Pladevall en su libro "Liderazgo en Femenino: Esto no va de género ni de sexo, va de talento y emociones". El autor, CEO de Acció Preventiva, expone cómo este estilo de mando ha dejado de ser una excepción para convertirse en una necesidad estratégica en las organizaciones que buscan sobrevivir y prosperar en un entorno marcado por la fragilidad, la ansiedad y la incomprensión —los rasgos del mundo BANI que hoy define nuestras empresas y sociedades.
Las cifras son contundentes y, a la vez, preocupantes. Apenas un 4.8% de los puestos de alto liderazgo en las compañías Fortune 500 están ocupados por mujeres. Sin embargo, las compañías con al menos un 30% de mujeres en puestos ejecutivos obtienen un 15% más de beneficios, según McKinsey. ¿Cómo explicar esta contradicción? La respuesta está en la resistencia cultural a aceptar que liderar en femenino no significa liderar "como mujer", sino liderar desde la empatía, la comunicación y la inteligencia emocional.
Y aquí conviene subrayarlo: este modelo aplica tanto para mujeres como para hombres. Liderar en femenino no es una cuestión biológica, sino una forma de entender las relaciones humanas en el trabajo. Un hombre que lidera desde la escucha, que fomenta la colaboración y que gestiona con inteligencia emocional está ejerciendo liderazgo en femenino. Es un estilo que trasciende el género y se convierte en una herramienta universal para quienes buscan inspirar y transformar.
¿Por qué es relevante hoy? Porque las organizaciones ya no operan en entornos estables ni previsibles. El liderazgo autoritario se vuelve obsoleto: no ofrece respuestas, solo genera más distancia. En cambio, el liderazgo en femenino aporta ventajas concretas. Permite construir equipos resilientes, capaces de adaptarse al cambio. Favorece la innovación, porque la colaboración abre espacio a nuevas ideas. Reduce la rotación laboral, al generar entornos donde las personas se sienten valoradas y escuchadas. Y, sobre todo, fortalece la confianza, ese intangible que hoy es más valioso que cualquier KPI.
Pladevall lo resume con claridad: "Para liderar en femenino no hace falta ser mujer". La invitación es universal. Hombres y mujeres pueden aprender de este enfoque y aplicarlo en sus equipos, porque lo que está en juego no es la identidad de género, sino la capacidad de conectar, inspirar y transformar.
El liderazgo en femenino es, en esencia, un liderazgo del presente. No espera a que las crisis pasen ni a que los mercados se estabilicen. Se adapta, se reinventa y se sostiene en la confianza mutua. Es el liderazgo que entiende que la autoridad no se impone, se gana. Y que el verdadero poder no está en mandar, sino en lograr que otros quieran caminar contigo.
En tiempos de ansiedad colectiva y de incertidumbre empresarial, el liderazgo en femenino no es una opción decorativa: es una ruta que puede guiar a las organizaciones hacia un futuro más humano y más rentable. El siglo XXI no pide líderes que griten más fuerte, sino líderes que sepan escuchar mejor.