Ciudad de México ,
Carlos Ortíz
Crédito foto: Axel Olivares
Una alerta climática bastó para que un sistema de inteligencia artificial reorganizara rutas logísticas, analizara inventarios y contactara proveedores, todo sin intervención humana. Este tipo de ejecución ya ocurre en empresas que integraron agentes de IA agéntica a sus operaciones diarias.
Según la firma de consultoría tecnológica Gartner, para 2028 el 15% de las decisiones operativas diarias serán tomadas por sistemas de este tipo. Además, estimó que un tercio del software empresarial incluirá capacidades autónomas, lo que marca una transición desde la automatización asistida hacia la acción sin comandos.
Estos agentes no responden a instrucciones como los modelos generativos tradicionales. Están diseñados para interpretar metas empresariales, dividirlas en tareas intermedias, interactuar con sistemas y tomar decisiones dentro de parámetros definidos.
La firma SAS, especializada en soluciones de analítica avanzada, definió este cambio como parte de una evolución que conecta datos, razonamiento y ejecución en un solo flujo operativo. En un informe técnico reciente, señaló: "la IA agéntica es la culminación de este concepto por tres razones fundamentales: razonamiento multietapa, integración de herramientas y memoria con adaptabilidad".
De acuerdo con SAS, estos sistemas mantienen una memoria persistente que les permite aprender del resultado de sus propias acciones y optimizar su comportamiento. A diferencia de los asistentes conversacionales, no operan en chats aislados, sino que están conectados directamente a plataformas de gestión, con capacidad de ejecutar tareas críticas en tiempo real.
La ejecución autónoma se basa en decisiones que antes requerían coordinación humana. Frente a eventos complejos, como alteraciones en la cadena de suministro, los agentes pueden actuar sin necesidad de supervisión constante. Esto mejora la velocidad de respuesta y libera a los equipos humanos de tareas operativas repetitivas.
SAS también indicó: "la autonomía tecnológica solo es viable cuando existe confianza en su funcionamiento". Por ello, el desarrollo de estos agentes se enmarca en principios de IA responsable, con trazabilidad de decisiones, controles de acceso, explicabilidad de resultados y supervisión humana en procesos sensibles.
Este cambio tecnológico transforma la dinámica del trabajo. Los profesionales no son reemplazados, sino reasignados a funciones de supervisión, diseño y mejora de sistemas inteligentes capaces de actuar por cuenta propia.
"La verdadera transformación no está en automatizar tareas, sino en construir organizaciones capaces de aprender, adaptarse y actuar con inteligencia en tiempo real", concluyó SAS. La adopción activa de estos modelos confirma que la autonomía operativa basada en inteligencia artificial ya es una realidad en múltiples sectores.