Ciudad de Mexico ,
Carlos Ortíz
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La exposición al humo de incendios forestales durante los últimos meses del embarazo podría aumentar el riesgo de que un menor sea diagnosticado con autismo en la infancia. Esto de acuerdo con un estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Tulane y publicado en la revista Environmental Science & Technology.
El análisis se basó en más de 200,000 nacimientos registrados en el sur de California entre 2006 y 2014. Los investigadores observaron que los menores cuyas madres estuvieron expuestas al humo de incendios forestales. Durante el tercer trimestre del embarazo presentaron una mayor probabilidad de recibir un diagnóstico de autismo antes de los cinco años.
La asociación más marcada se identificó entre mujeres expuestas a más de 10 días de humo de incendios durante los últimos tres meses de gestación. En ese grupo, los menores mostraron un riesgo 23% mayor de diagnóstico de autismo en comparación con aquellos cuyas madres no estuvieron expuestas al humo en ningún momento del embarazo.
El estudio es el primero en examinar de manera específica una posible relación entre la exposición prenatal al humo de incendios forestales y el autismo. Autores precisaron que los hallazgos no establecen vínculo causal concluyente, pero se suman a la evidencia creciente sobre efectos adversos de los contaminantes del aire en el desarrollo neurológico fetal.
"Tanto el autismo como los incendios forestales están en aumento, y este estudio es solo el comienzo para investigar los vínculos entre ambos", afirmó Mostafijur Rahman, autor correspondiente del estudio y profesor asistente de ciencias de la salud ambiental en la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical Celia Scott Weatherhead de la Universidad de Tulane. "A medida que el cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de los incendios forestales en muchas partes del mundo, comprender su relación con el autismo es importante para poder desarrollar políticas preventivas e intervenciones que protejan a las mujeres embarazadas y a sus hijos".
La investigación se concentró exclusivamente en California, estado que encabeza a nivel nacional tanto la superficie anual afectada por incendios forestales como las tasas de diagnósticos de autismo infantil. El estudio se publica un año después de los incendios Eaton y Palisades. Los cuales destruyeron más de 16,000 estructuras y se ubicaron como el segundo y tercer incendios más destructivos en la historia del estado.
El autismo se caracteriza por una variedad de rasgos comunicativos, conductuales y de aprendizaje divergentes. Desde el año 2000, la prevalencia de diagnósticos ha aumentado de manera constante, fenómeno que suele atribuirse en parte a una mayor detección y evaluación. Investigaciones previas también han vinculado la exposición prenatal a la contaminación del aire con un mayor riesgo de autismo.
Los incendios forestales generan picos de contaminación del aire en periodos cortos. La quema de vegetación y edificios libera metales tóxicos y otros contaminantes que pueden ser inhalados, Además de partículas finas que representan un riesgo independientemente de su toxicidad. La inhalación de humo puede provocar inflamación y estrés.
En el análisis, las madres de menores diagnosticados con autismo tendieron a ser de mayor edad. Con mayor probabilidad de no haber tenido embarazos previos y con mayor prevalencia de diabetes y obesidad antes del embarazo. Además, el estudio identificó que cuatro veces más niños que niñas recibieron un diagnóstico de autismo.
Los autores señalaron que la asociación observada durante el tercer trimestre coincide con un estudio de la Universidad de Harvard publicado en 2021. El cual también reportó un mayor riesgo vinculado a la exposición a contaminación del aire en etapas tardías del embarazo, un periodo clave para el desarrollo cerebral del feto.
"Se necesita más investigación para entender cómo la exposición al humo de incendios forestales en mujeres embarazadas podría causar autismo en sus hijos, y para determinar cómo esta exposición puede interactuar con la biología, la genética y otros factores ambientales", señaló David Luglio, autor principal del estudio e investigador posdoctoral en la misma escuela de salud pública. "Este estudio es solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande".