Martes, 03 de marzo de 2026

Detectan fracturas por estrés por dolor persistente en pie, tibia e ingle

Especialistas advierten que identificar síntomas tempranos evita cirugías y complicaciones óseas en personas activas

Ciudad de México , 03-03-2026   Carlos Ortíz

Crédito foto: Unsplash

El dolor persistente en el pie, la espinilla o la ingle durante la actividad física puede indicar una fractura por estrés, una lesión ósea progresiva que empeora si no recibe atención médica. Especialistas en medicina deportiva advierten que detectar las señales tempranas reduce el riesgo de complicaciones y tratamientos quirúrgicos.

Las fracturas por estrés se desarrollan cuando la carga repetida supera la capacidad del hueso para repararse. A diferencia de una fractura traumática, esta lesión surge de manera gradual. El Dr. Scott Rand, médico de atención primaria especializado en medicina deportiva del Hospital Houston Methodist, explicó: "Los huesos son tejido vivo, al igual que la piel, el corazón y el intestino". Añadió que "Los huesos se forman y se deterioran como cualquier otra parte del cuerpo. Las fracturas por estrés se producen cuando hay más deterioro que desarrollo, es decir, cuando el daño se acumula más rápido de lo que el cuerpo puede sanar".

La mayoría de los casos no requiere cirugía, aunque la detección oportuna resulta clave. Una fractura por estrés consiste en una pequeña grieta o hematoma grave dentro del hueso que aparece tras impactos repetidos. Cuando los músculos fatigados dejan de absorber la carga, el impacto se transfiere directamente al tejido óseo.

Entre los factores de riesgo figuran deportes de alto impacto, aumentos bruscos en la intensidad del entrenamiento, uso de calzado desgastado, fragilidad ósea, nutrición inadecuada y desequilibrios hormonales. El especialista precisó: "El lugar más común donde vemos fracturas por estrés es en el pie, específicamente en el hueso detrás del segundo dedo". También indicó que "La mecánica del pie y la forma en que las personas aterrizan también juegan un papel importante".

El síntoma distintivo consiste en dolor durante el impacto del pie al correr o caminar. En etapas iniciales puede presentarse solo durante el ejercicio, acompañado de ligera inflamación o sensibilidad localizada. Con el avance de la lesión, el dolor persiste incluso en reposo o altera la marcha.

Las zonas que requieren evaluación inmediata incluyen los metatarsianos, la parte frontal de la tibia y el cuello femoral. "Si el dolor se localiza en alguna de esas zonas, hay que detenerse y acudir al médico", señaló el Dr. Rand. Subrayó además: "No se corre por ahí. Una fractura por estrés en el cuello femoral es especialmente preocupante".

En mujeres, la ausencia de menstruación puede elevar el riesgo debido a niveles bajos de estrógeno asociados a nutrición insuficiente. La especialista indicó: "Si eres mujer y te están evaluando por una fractura por estrés, es probable que tu médico te pregunte sobre tus periodos". Agregó: "Si no estás ovulando, no tienes la regla. Y eso puede significar que tus niveles de estrógeno son bajos, lo que aumenta el riesgo de lesión ósea".

El diagnóstico inicia con exploración física y estudios de imagen. Las radiografías constituyen el primer paso, aunque la resonancia magnética se considera el método de referencia para detectar una fractura por estrés. "La resonancia magnética mostrará diferentes grados de reacción al estrés", afirmó el Dr. Rand. "Eso nos ayuda a comprender el grado de preocupación que debemos tener y la agresividad del tratamiento".

El tratamiento principal consiste en suspender la actividad de alto impacto durante cuatro a seis semanas en fases tempranas. "Si una fractura por estrés se detecta a tiempo, con solo hinchazón dentro del hueso, de cuatro a seis semanas sin impacto pueden ser suficientes para la curación", explicó el especialista. En casos avanzados podría requerirse inmovilización o cirugía. "Si esa zona del hueso es inestable, podríamos recomendar una cirugía para colocar un tornillo que dé soporte antes de que el hueso se rompa".

Las fracturas por estrés suelen ser leves y temporales si reciben atención oportuna. El descanso, el ajuste en la intensidad del entrenamiento y una dieta adecuada con calcio y vitamina D forman parte de la prevención. "El entrenamiento cruzado con actividades de bajo impacto, como la natación o el ciclismo, puede ayudarle a mantenerse en forma y, al mismo tiempo, darle a sus huesos un descanso del estrés repetitivo", indicó Rand.

El dolor localizado que aumenta con cada paso constituye una señal de alerta. La identificación temprana, el diagnóstico mediante resonancia magnética y la suspensión temporal del impacto determinan la recuperación y evitan complicaciones mayores.

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