Ciudad de México,
Judith Moreno
Crédito foto: Cortesía AIM
En un entorno marcado por la presión académica y la exigencia temprana de éxito, el voluntariado escolar comienza a mostrar un impacto inesperado: menos ansiedad y mejores resultados académicos. De acuerdo con el American Institute of Monterrey (AIM), más del 25% de los adolescentes que participan en actividades comunitarias reportan mayor bienestar emocional, un efecto que instituciones educativas ya observan de forma tangible en el aula.
Desde Monterrey, el AIM promueve programas de servicio social durante todo el ciclo escolar. Estas iniciativas contemplan la planeación, el acompañamiento y la reflexión como parte del proceso formativo. Una de las experiencias destacadas ha sido la participación de sus estudiantes en actividades con adultos mayores, donde se promueve la convivencia intergeneracional mediante dinámicas recreativas y de apoyo directo.
Estos hallazgos se respaldaron con datos de la American Medical Association (AMA), obtenidos de una muestra de más de 50 mil menores. De acuerdo con la investigación, los adolescentes que participan en voluntariado reportan mayor bienestar emocional, mejor salud general y menos problemas conductuales, además de registrar un 25% menos probabilidad de experimentar ansiedad.
Los efectos también se extienden al ámbito educativo. Según la AMA, la participación en programas comunitarios se asocia con mejores resultados académicos, menor tasa de abandono escolar y mejoras en materias clave, como lectura. Asimismo, se fortalece el autoconcepto y se desarrollan habilidades como la disciplina y la responsabilidad.
María José Fernández, psicóloga de la preparatoria del AIM, observó mejoras claras entre los participantes. Según informó a NotiPress, "se observan cambios muy claros en los alumnos, como más empatía y sensibilidad. También vemos una mayor disposición a participar de forma voluntaria en actividades de apoyo y convivencia, así como mejoras en habilidades socioemocionales como la escucha activa, la paciencia y la comunicación respetuosa".
Estas vivencias permiten a los estudiantes transformar su percepción del servicio comunitario, que pasa de ser un requisito escolar a una experiencia significativa. Fernández agregó: "En algunos casos, incluso surge un interés genuino por regresar o continuar participando en experiencias similares".
Las actividades intergeneracionales desarrolladas por el AIM permiten que los adolescentes comprendan otras realidades y fortalezcan su sentido de propósito. La reflexión posterior a las actividades es clave para consolidar estos aprendizajes en el plano emocional y social.
Además, esta propuesta toma relevancia ante un panorama de creciente presión académica y personal. En 2025, durante el evento Mind Matters, especialistas del AIM discutieron el impacto de la llamada grind culture, que promueve la hiperproductividad y reduce los espacios de descanso. Estudios de Harvard indican que 53% de los adolescentes considera necesario ser excepcional para sobresalir, y 56% siente presión para definir su futuro desde edades tempranas.
En este contexto, el voluntariado estructurado se posiciona como una vía efectiva para reducir la ansiedad, fomentar vínculos significativos y reforzar el equilibrio emocional de los adolescentes. Fomentar la participación temprana en proyectos comunitarios no solo impacta en el presente, sino que puede influir de manera positiva en la trayectoria académica y personal de los jóvenes a largo plazo, señaló Fernández.