Ciudad de México,
Judith Moreno
Crédito foto: Axel Olivares (Composición/NotiPress)
Durante su primer año de gobierno en el segundo mandato, Donald Trump intensificó el enfoque de Estados Unidos hacia América Latina con acciones de alto impacto. México, como principal socio fronterizo, se convirtió en el epicentro de una serie de tensiones bilaterales que involucraron seguridad, comercio y migración.
El 20 de enero de 2025, Trump restableció el programa "Quédate en México", medida que obligó a migrantes a esperar en territorio mexicano mientras resolvían su situación en tribunales estadounidenses. Este fue el primer indicio de una política exterior más agresiva contra la administración de Claudia Sheinbaum.
A lo largo del año, la relación bilateral se tensó por una serie de decisiones unilaterales desde Washington. En enero, el Gobierno estadounidense clasificó a varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Esta medida abrió la puerta a posibles operaciones militares fuera del territorio estadounidense, un escenario que México rechazó categóricamente.
Por otro lado, en el plano económico, el mandatario norteamericano reactivó aranceles a productos clave como acero, aluminio y jitomate. Durante los primeros meses, la Casa Blanca amenazó con imponer tarifas de hasta 50% a las importaciones mexicanas, lo que derivó en una serie de negociaciones bilaterales para evitar la escalada arancelaria.
La presión sobre México no se limitó al comercio. En mayo, Trump propuso formalmente enviar tropas a territorio mexicano para combatir al crimen organizado. Aunque esta oferta dependía de la aprobación del gobierno mexicano, generó una respuesta institucional inmediata: Sheinbaum presentó una iniciativa para reformar la Constitución con el fin de prohibir expresamente la intervención de agentes extranjeros sin autorización del Estado.
Además, Estados Unidos amenazó con nuevas sanciones si México no cumplía con el Tratado de Aguas de 1944, añadiendo un frente adicional al conflicto diplomático. Pese a ello, el Ejecutivo mexicano entregó los volúmenes pactados para evitar represalias comerciales.
Más allá de la relación con México, el gobierno estadounidense adoptó un enfoque regional. En su segundo mandato, Trump imprimió una estrategia de "coerción hemisférica", revitalizando la Doctrina Monroe. La administración promovió intervenciones militares, como en Venezuela, y se distanció de canales tradicionales de cooperación como la USAID.
Dentro de ese contexto, México mantuvo un rol estratégico. La presidenta Sheinbaum sostuvo al menos once conversaciones con Trump entre noviembre de 2024 y enero de 2026. En ellas abordaron temas como seguridad, tráfico de drogas, aranceles y soberanía. En varias ocasiones, México logró aplazar medidas unilaterales, como en el caso del arancel del 25% sobre vehículos pesados.
Analistas coinciden en que el estilo confrontativo del presidente estadounidense ha incrementado la atención hacia América Latina, aunque con una narrativa basada en amenazas y sanciones. Esta línea política dejó fuera mecanismos de cooperación a largo plazo, priorizando acciones de fuerza sobre propuestas estructurales.
En materia migratoria, Trump promovió deportaciones masivas y eliminó protecciones como el Estatus de Protección Temporal. Solo durante los primeros meses, más de medio millón de personas fueron expulsadas del país.
Frente a este escenario, México optó por mantener el diálogo, sin renunciar a su soberanía. En palabras de Sheinbaum, el país sostiene cooperación con Estados Unidos, pero bajo límites claros que descarten cualquier forma de imposición o intervención directa.