
Foto: X @WhiteHouse
"Restauraremos la grandeza de Estados Unidos", afirmó Donald Trump durante su discurso de investidura hace exactamente un año. Todos estaban abiertos a especular acerca de la intensidad de las medidas que el mandatario prometió en campaña. ¿Se trataría de un gobierno similar a su primer mandato o deberíamos estar preparados para algo mucho más contundente?
Con la intención de dar señales de la intensidad de su nueva administración, Trump firmó decenas de órdenes ejecutivas a tan solo horas de haber asumido. Muchas de ellas apuntaban contra la inmigración, pero otras trazaron la cancha en la que el país comenzaría a jugar: un mundo lejos del multilateralismo.
Febrero estuvo marcado por un aumento de las tensiones comerciales. Trump puso sobre la mesa los aranceles como una herramienta clave en su gobierno. Si en un primer momento los gravámenes estaban destinados a proteger la industria nacional, poco después se convirtieron en el instrumento insignia para ejercer presión sobre otros países.
Además, avanzó con su plan de deportaciones masivas y promovió recortes en agencias federales con apoyo del empresario Elon Musk, quien lidero el fallido Departamento de Eficiencia Guvernamental (DOGE).
En política internacional, sostuvo un tenso encuentro con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, acusándolo de no buscar la paz con Rusia. El encuentro marcaría un punto visagra en la posición de Estados Unidos sobre la guerra entre Rusia y Ucrania.
Trump y Zelenski durante su primera reunión en la Casa Blanca. Fuente: X @Expedientes_ec
Para marzo, los mercados financieros reaccionaron ante nuevas tarifas comerciales. Trump pronunció su primer discurso ante el Congreso y anunció más aranceles. Eliminó beneficios humanitarios a migrantes y arremetió contra universidades como Harvard, a las que acusó de fomentar el antisemitismo. A partir de ese momento, la educación universitaria y la Casa Blanca tendrían una tensa relación manifestada en una financiación condicionada.
Al cumplir 100 días en el cargo, Trump declaró en abril una "emergencia económica" e impuso un paquete arancelario "recíproco" a países de todo el mundo. Todos los países recibieron un porcentaje arancelario que debieron negociar personalmente con el presidente para intentar disminuirlo.
Trump anunciando los aranceles para cada país. Fuente: White House
Junio trajo las protestas bajo el lema "No Kings", pero un golpe más fuerte para Trump fue su ruptura pública con Musk, quien había financiado una importante porción de su campaña.
En el plano internacional, Trump ordenó ataques militares contra instalaciones nucleares iraníes tras el estallido de un conflicto con Israel, lo cual derivó en 12 días de enfrentamientos.
En agosto, la mira se alejó de Medio Oriente para apuntar ahora al Caribe. Ese mes iniciaron los despliegues militares con el fin de combatir cárteles de drogas. La operación reduciría cada vez más la órbita hasta lograr asfixiar al régimen de Nicolás Maduro.
Como parte de su persecusión por el Nobel de la Paz, Trump priorizó la resolución de conflictos a escala mundial. Eso lo inspiró en septiembre a presentar un plan de paz para Gaza que exigía la salida de Hamás y la creación de un gobierno tecnócrata palestino. El mandatario también dio un giro en su postura sobre Ucrania, señalando que el país podría recuperar su territorio ocupado, aunque la entrega de territorio sigue siendo un punto de controversia.
Aun así, Washington dejó al mundo atónito con el bombardeo a embarcaciones en el Caribe que presuntamente transportaban drogas. El accionar despertó debates en todo el mundo acerca de la legalidad de los ataques. De todas formas, ninguna condena internacional pudo detener al mandatario en su objetivo.
Bombardeo del 2 de septiembre. Fuente: @marcorubio
Pero en octubre, la política interna le jugó una mala pasada con el inicio de un cierre del Gobierno federal que se convertiría en el más largo de la historia. Pero, a pesar de estar condicionado por el shutdown, Trump notificó formalmente al Congreso el inicio de un "conflicto armado no internacional" contra el narcotráfico en el Caribe.
A finales de año, el régimen chavista tenía en sus narices al ejército estadounidense y ya nadie se preguntaba cómo sino cuándo es que Estados Unidos derrocaría a Maduro. Ese día llegó apenas iniciado 2026 cuando una operación en Caracas que resultó en la captura Maduro. El país terminó con 26 años de chavismo, pero con la tarea de reestructurar un país entero, esta vez, a favor de los intereses del Tío Sam.
María Corina Machado le entrega su Nobel de la Paz a Trump durante su visita a la Casa Blanca el 15 de enero de 2026. Fuente: White House
Aunque muchos pensaron que un conflicto de tal embergadura no podría repetirse otra vez, al menos en el corto plazo, las tensiones no aflojaron ya que solo días después de la captura de Maduro, Trump trasladó la mira a Groenlandia. Su nuevo objetivo no solo se diferencia transversalmente de la naturaleza dictatorial de Venezuela, sino que también abre un nuevo capitulo de tensiones con Europa, el bloque más allegado a Estados Unidos, pero que al mismo tiempo el país ya no ve como socio sino como súbdito.
En solo un año, Trump logró desordenar la política internacional para rearmarla bajo su criterio. Para bien o para mal, el mandatario republicano aprovechó la fortaleza de Estados Unidos para ejercer su influencia de forma coercitiva sobre el resto del mundo, incluso sobre sus socios más cercanos. Poco se sabe de las verdaderas ambiciones de Trump para el resto de su mandato. Muchos estipulan que ya no planea combatir la expansión de China y Rusia sobre el mundo sino más bien repartir el mundo entre las tres potencias. Sin embargo, una cosa es clara y es que el orden mundial tal como lo conocemos ya no será el mismo bajo el pulgar de Donald Trump.
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