
Foto: Instagram: Alfredo Barragan
Cinco argentinos se lanzaron al océano para probar una hipótesis histórica que parecía difícil de llevar fuera de los libros. Buscaban demostrar si navegantes africanos pudieron llegar a América 3500 años antes de Colón, arrastrados por vientos y corrientes oceánicas. La travesía Atlantis convirtió esa pregunta en un viaje real sobre troncos, cuerdas vegetales y una vela.
El 22 de mayo de 1984, la expedición partió desde Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias. Cincuenta y dos días después, la balsa llegó a La Guaira, Venezuela, tras recorrer casi 5900 kilómetros. El cruce se realizó sin motor ni timón, con una embarcación diseñada para depender del mar.
Alfredo Barragán lideró la travesía junto con Jorge Iriberri, Daniel Sánchez Magariños, Horacio Giaccaglia y Félix Arrieta. Los cinco integraban un grupo de exploradores argentinos vinculados al Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación. Su objetivo era comprobar si una balsa elemental podía seguir una ruta natural entre África y América.
Una hipótesis histórica llevada al Atlántico
Barragán había relacionado las cabezas colosales olmecas halladas en México con una posible llegada africana anterior a Colón. También estudió antiguas balsas representadas en África y las corrientes que avanzan desde la zona atlántica africana hacia América. Esa combinación dio origen a una expedición pensada como prueba de navegación experimental.
Atlantis fue construida con nueve troncos de madera balsa atados con cuerdas vegetales, sin piezas metálicas ni clavos. La embarcación incluía una vela cuadra y una pequeña casilla con techo de paja. Su diseño buscaba reproducir, con medios simples, una tecnología náutica posible hace 3500 años.
Para el cruce, la tripulación reunió alimentos, agua, botiquín médico, cámaras y equipos de comunicación por radio. La navegación quedó a cargo de cálculos astronómicos, brújula y cartas náuticas, en una época sin Sistema de Posicionamiento Global. Antes de partir, la tripulación también tomó medidas médicas preventivas para enfrentar emergencias en alta mar.
52 días sin motor timón ni ruta de regreso
Los primeros días mostraron la fragilidad de una balsa que avanzaba únicamente con viento y corrientes. La tripulación enfrentó olas, crujidos constantes, quemaduras solares y tormentas durante el cruce. Sin timón, cualquier caída al agua obligaba a sujetarse a los cabos arrastrados desde la popa.
Durante la etapa final, la nubosidad dificultó los cálculos para determinar la posición de Atlantis. La confirmación llegó por radio desde un pesquero cercano a las islas Los Testigos, frente a Venezuela. Esa comunicación ubicó a la balsa cerca de América y marcó el último tramo hacia La Guaira.
Tras 52 días de navegación, Atlantis ingresó al puerto venezolano el 12 de julio de 1984. Barragán resumió el sentido de la expedición con una frase que quedó asociada al viaje: "Que el hombre sepa que el hombre puede".
El material filmado permitió editar el documental Expedición Atlantis, estrenado en 1988 y difundido luego en varios idiomas. A 42 años de aquella salida desde Canarias, la balsa conserva valor como prueba de navegación experimental. Su recorrido mostró que una embarcación elemental podía atravesar el Atlántico siguiendo viento, corrientes y planificación náutica.
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