Cada 17 de abril, el Malbec recuerda por qué Argentina cambió su destino

 17-04-2026
Martín Olivera
   
Portada | Argentina
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Francia fue su punto de partida, pero Argentina terminó por convertir al Malbec en una referencia reconocible en mercados de todo el mundo. Con el paso del tiempo, esa adaptación volvió a la variedad la más asociada con el vino argentino y una de las más identificables para consumidores de distintos países.

Su celebración mundial tiene lugar el 17 de abril y está ligada a un episodio histórico de 1853. Ese día, en Mendoza, Domingo Faustino Sarmiento promovió la creación de la Quinta Normal de Agricultura y convocó al agrónomo francés Michel Aimé Pouget para incorporar nuevas variedades de vid.

El Malbec llegó junto con esas cepas y tenía origen en el sudoeste de Francia, con presencia previa en Cahors y Burdeos. En Europa, la variedad perdió peso con los años por heladas, plagas y cambios productivos, mientras en Argentina empezaba una historia completamente distinta.

A lo largo de más de 150 años, productores y bodegas cultivaron el Malbec en condiciones que ampliaron sus posibilidades enológicas. La combinación de altura, clima seco, fuerte radiación solar y amplitud térmica permitió desarrollar vinos con perfiles diferentes según la región, sin perder rasgos reconocibles.

Mendoza concentró gran parte de ese crecimiento y sigue siendo el centro más importante para la variedad dentro del país. Sin embargo, San Juan, Salta, La Rioja, Neuquén y Río Negro también sumaron expresiones propias, con diferencias marcadas en frescura, estructura, color y maduración.

Esa diversidad territorial ayudó a construir una identidad amplia para el Malbec argentino, capaz de mostrar matices según suelo, altitud y clima. En algunas zonas predominan vinos más frutados y redondos, mientras otras regiones ofrecen versiones más tensas, especiadas o con mayor acidez natural.

La expansión del Malbec también quedó reflejada en cifras de producción, superficie plantada y presencia comercial dentro de la industria vitivinícola argentina. De acuerdo con datos recientes del sector, el país reúne cerca de 47 mil hectáreas cultivadas con esta variedad y concentra la mayor superficie mundial dedicada a la cepa.

El peso del Malbec también se observa en el comercio exterior y en el consumo interno, donde ocupa un lugar central entre los vinos varietales. Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Canadá y México aparecen entre los principales destinos de exportación, mientras el mercado doméstico sostiene una demanda estable.

Dicho proceso ayudó a que el vino argentino quedara asociado de forma inmediata con una variedad específica, algo poco frecuente en la industria global. El Malbec pasó de ser una cepa francesa con presencia histórica en Europa a convertirse en una carta de presentación constante para Argentina.

La proyección internacional de esa relación ganó una nueva etapa en 2011, cuando Wines of Argentina impulsó oficialmente el Malbec World Day. Desde entonces, la efeméride se instaló como una plataforma de difusión para recordar el origen de la variedad y el recorrido que siguió en territorio argentino.




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