Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
Crédito foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
Durante años, la carne vacuna ocupó un lugar central en la dieta argentina, pero ese vínculo empezó a mostrar señales de desgaste en 2026. La caída del consumo en el arranque del año confirmó un cambio que ya se venía insinuando entre precios más altos, menor oferta y una presión creciente de los mercados externos.
En Argentina, entre enero y marzo de 2026, el consumo de carne vacuna cayó 10% frente al mismo período del año anterior. En ese lapso se consumieron 512,8 mil toneladas, mientras el promedio anualizado por habitante quedó en 47,3 kilos, el nivel más bajo de los últimos 20 años.
Uno de los factores más visibles detrás de esa baja fue el aumento del precio al consumidor. En marzo, el rubro de carnes y derivados subió 6,9% mensual, según el Índice de Precios al Consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), por encima del 3,4% registrado por la inflación general en el mismo mes.
La diferencia también se observó en la comparación interanual. Mientras la carne vacuna acumuló una suba de 55,1%, el índice general avanzó 32,6%. En algunos centros urbanos, los relevamientos del sector mostraron aumentos todavía mayores y llevaron el valor del kilo a niveles cada vez más difíciles de sostener para muchos hogares.
Ese encarecimiento alteró la frecuencia de compra y empujó ajustes en la dieta. Parte del consumo se desplazó hacia opciones más accesibles como pollo y cerdo, una tendencia que no eliminó la demanda de carne vacuna, pero sí redujo su peso dentro del gasto alimentario.
A esa presión sobre los precios se sumó una oferta más limitada. Durante el primer trimestre, la producción de carne vacuna alcanzó 700.185 toneladas res con hueso y mostró una contracción interanual de 5,1%. Esa baja equivale a unas 37.500 toneladas menos ofrecidas al mercado en comparación con el mismo período del año pasado.
La menor disponibilidad de hacienda no apareció de forma aislada. La sequía registrada entre 2022 y 2024 y las inundaciones de 2025 forzaron una liquidación anticipada de animales y redujeron el stock de madres, con efectos directos sobre la oferta actual. La industria compensó solo en parte ese faltante con un mayor peso promedio por animal, que en marzo alcanzó 236 kilos en gancho.
Mientras el mercado interno perdía volumen, el frente exportador mostró otra dinámica. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones se estimaron en 187,4 mil toneladas res con hueso, con un crecimiento de 11,4% frente al año previo. Esa mayor demanda externa agregó presión sobre una oferta que ya venía ajustada.
Los ingresos por ventas al exterior también crecieron por la mejora de los precios internacionales. En el primer bimestre, la facturación sumó 618,67 millones de dólares y el precio promedio por tonelada aumentó 30,1% anual hasta 7.405 dólares. China concentró 53% del volumen exportado en los primeros dos meses del año, mientras también crecieron los envíos hacia Estados Unidos, Israel y Alemania.