Científicos argentinos revelan la dieta que sostuvo el poblamiento de América

 08-08-2026
Martín Olivera
   
Portada | Argentina
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Los primeros grupos humanos que recorrieron América no dependieron de una alimentación improvisada ni consumieron todos los recursos disponibles de manera equivalente. Una investigación encabezada por científicos argentinos indica que su supervivencia estuvo estrechamente ligada a la caza de grandes mamíferos herbívoros.

El estudio reunió información procedente de 50 sitios arqueológicos distribuidos desde Alaska hasta la Patagonia y comparó los restos animales encontrados en cada región. Los resultados muestran que las presas de mayor tamaño concentraban entre 83% y 90% del aporte energético potencial de aquellas comunidades.

La investigación fue publicada en la revista científica Science Advances y contó con especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). También participaron investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

El estudio abarcó tres grandes áreas del continente: Beringia oriental, América del Norte y América del Sur. Beringia fue la región que conectó Asia con América del Norte durante los periodos glaciales del Pleistoceno.

Mamuts y perezosos gigantes dominaron la alimentación

Las especies consumidas cambiaban según el territorio, aunque la preferencia por animales enormes permanecía constante. El mamut lanudo predominaba en Beringia, mientras el mamut de Columbia representaba una fuente principal de alimento en América del Norte.

En América del Sur, las presas más importantes incluían perezosos terrestres gigantes y gonfoterios, parientes antiguos de los elefantes actuales. Estos animales superaban ampliamente el tamaño de las especies menores y ofrecían grandes cantidades de carne aprovechable.

La megafauna representó más de 99,9% de la biomasa comestible estimada en Beringia oriental y América del Norte. En América del Sur, el porcentaje alcanzó 99,8%, lo cual muestra la disponibilidad desproporcionada de alimento concentrado en grandes especies.

El equipo evitó limitarse al recuento tradicional de restos, porque esa práctica puede equiparar animales con aportes alimentarios completamente diferentes.

Movilidad y tecnología acompañaron la expansión humana

Los investigadores calcularon el peso promedio de cada especie, la cantidad mínima de individuos y la proporción comestible disponible. Esa metodología permitió estimar cuánta energía aportaba cada presa y distinguir su verdadero peso dentro de la dieta.

Cazar animales de gran tamaño también ayuda a explicar la rápida ocupación de ambientes muy diversos en América. Aquellos grupos podían desplazarse entre regiones lejanas mientras mantenían una estrategia de caza similar, adaptada a la fauna disponible.

Las herramientas fabricadas con materias primas procedentes de hasta 600 kilómetros muestran una movilidad considerable realizada completamente a pie. Esos recorridos conectaban zonas de abastecimiento, territorios de caza y espacios utilizados temporalmente por comunidades en movimiento.

El estudio también vinculó esa especialización con las puntas de proyectil conocidas como puntas cola de pescado, asociadas con grandes mamíferos sudamericanos. Su aparición coincidió temporalmente con la disminución de la megafauna iniciada hace aproximadamente 12.900 años.

Los autores sostienen que la presión humana pudo contribuir a esas extinciones junto con otros procesos ocurridos al final del Pleistoceno. Tras la desaparición de muchas grandes presas, las comunidades incorporaron animales menores y recursos específicos disponibles en cada región.




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