Una jornada laboral frente al celular: la alerta sobre la salud mental adolescente

 12-09-2026
Martín Olivera
   
Portada | Argentina
Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)

Pasar seis horas y diez minutos diarios frente al celular equivale, para muchos estudiantes, a dedicarle al dispositivo casi una jornada laboral completa. El dato surge del primer monitoreo sobre tiempo de pantalla y salud mental entre estudiantes secundarios de la Ciudad de Buenos Aires.

La investigación fue realizada conjuntamente por el Ministerio de Educación porteño y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires. El relevamiento incluyó a 3.261 estudiantes de primero y cuarto año, pertenecientes a escuelas públicas y privadas de la ciudad.

A diferencia de otros estudios basados en estimaciones personales, este trabajo utilizó los registros de uso incluidos en los sistemas operativos de los teléfonos. En promedio, los adolescentes pasan seis horas y diez minutos diarios frente a la pantalla, una cifra equivalente a unos 92 días completos por año.

El tiempo aumenta con la edad, porque los estudiantes de cuarto año registran 51 minutos más por día a diferencia de quienes cursan primero. En los casos más extremos, el monitoreo encontró adolescentes que superan las once horas diarias de exposición al teléfono.

Cuando el problema no es solamente el tiempo

Dentro de la muestra analizada, cuatro de cada diez estudiantes registran al menos una señal de alerta vinculada con ansiedad, depresión, somnolencia o uso problemático del celular. Los indicadores alcanzan al 38,1% en depresión, 37,2% en somnolencia diurna, 31,2% en ansiedad y 24,9% en uso problemático.

Sin embargo, el propio estudio advierte que la cantidad total de horas no explica por sí sola el deterioro del bienestar emocional. La asociación más consistente aparece cuando existe dificultad para desconectarse, dependencia psicológica o uso del teléfono para regular emociones.

Los estudiantes con señales vinculadas a depresión usan el celular 49 minutos más que quienes no presentan esas alertas. Entre quienes muestran uso problemático, la diferencia alcanza 46 minutos diarios y también aparecen mayores indicadores de ansiedad, depresión y somnolencia.

Esa distinción resulta central porque evita convertir cualquier uso intensivo del celular en una explicación automática de problemas de salud mental. El estudio es transversal y descriptivo-asociativo, por lo que identifica relaciones entre variables, pero no demuestra causalidad directa.

Atención, descanso y capacidad de desconectarse

Las consecuencias pueden observarse cuando el uso empieza a desplazar actividades necesarias para el desarrollo adolescente, como dormir, estudiar, socializar o realizar actividad física. Somnolencia diurna, irritabilidad, aislamiento y dificultades para mantener la atención aparecen como señales relevantes.

También puede resultar preocupante que un adolescente quiera reducir el tiempo de uso, pero sienta que no puede hacerlo de manera sostenida. Esa dificultad para desconectarse es precisamente uno de los indicadores que el estudio vincula con el uso problemático.

Las diferencias sociales agregan otra dimensión al problema, porque los estudiantes del quintil de menores ingresos pasan alrededor de una hora y media más conectados. Las mujeres también registran unos 30 minutos adicionales de uso diario y presentan indicadores más elevados de ansiedad y depresión.

El escenario no apunta a eliminar la tecnología, sino a recuperar espacios donde el teléfono no ocupe automáticamente cada momento disponible. Arte, deporte, contacto con la naturaleza y acuerdos familiares aparecen entre las alternativas mencionadas para favorecer una relación más equilibrada.


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