Ciudad de Buenos Aires,
Martín Olivera
Crédito foto: CONICET
El fuego no solo quemó bosque, también modificó arroyos de montaña usados por comunidades cercanas. Un estudio científico registró cambios en la calidad del agua durante 28 meses posteriores a un incendio forestal de gran magnitud. El hallazgo importa porque esos cursos pueden abastecer poblaciones y sostener actividades económicas vinculadas con el entorno natural.
La investigación fue publicada en Science of The Total Environment y analizó arroyos de la Patagonia argentina. El trabajo fue realizado por Cecilia Brand, Yanina Assef y otros especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET). También participaron el Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica e investigadoras del laboratorio de Química de INVAP.
El incendio ocurrió en 2021 cerca de Las Golondrinas y El Hoyo, en la provincia argentina de Chubut. Las llamas afectaron más de 13 mil hectáreas de bosque patagónico, según los datos difundidos por la investigación. El equipo comparó cuatro arroyos quemados con otros cuatro cursos similares no alcanzados por el fuego.
Con las primeras lluvias posteriores al incendio, comenzó una etapa crítica de alta vulnerabilidad ambiental. En esa etapa aumentaron la conductividad eléctrica, los sólidos suspendidos y la turbidez en los arroyos quemados. Las concentraciones de fósforo llegaron a ser hasta 17 veces mayores frente a los sitios de referencia.
CONICET
Después de esa fase, los niveles de fósforo bajaron y aumentaron los compuestos nitrogenados, especialmente nitratos. Brand explicó que la vegetación quemada pierde capacidad para absorber nutrientes, mientras siguen activos los procesos del nitrógeno. El efecto se relacionó con la superficie de cada cuenca afectada por el incendio.
Assef afirmó: "Estos ecosistemas no sólo constituyen una fuente esencial de abastecimiento de agua para numerosas comunidades, sino que también sostienen múltiples actividades económicas y productivas de la región andino-patagónica". El estudio también detectó un aumento inicial de algunos metales pesados en todos los arroyos medidos. Las especialistas atribuyeron ese patrón al probable transporte de partículas por viento desde áreas quemadas hacia zonas cercanas.Los cambios detectados no alcanzan por sí solos para fijar una conclusión sanitaria general. Los resultados muestran por qué las fuentes de agua necesitan controles después de incendios forestales cercanos. Más turbidez, nutrientes y partículas pueden modificar ecosistemas acuáticos usados como origen de agua para consumo.
Para las personas, esa alteración puede traducirse en más controles antes del uso doméstico o productivo del agua. En comunidades cercanas a bosques, el agua de arroyos puede sostener consumo doméstico, producción local y actividades turísticas. Esos cambios pueden requerir evaluaciones técnicas antes de confirmar usos seguros en fuentes expuestas al fuego.
Brand señaló: "Esto hace que el monitoreo regular de la calidad del agua sea una herramienta esencial para identificar posibles impactos del fuego y garantizar la seguridad sanitaria de las comunidades". Las investigadoras reportaron un monitoreo continuo desde junio de 2021, aunque el artículo difundió los primeros tres años.