Sudamérica en piezas: El nuevo tablero de poder regional

Del conflicto andino al giro argentino, el mapa regional pierde cohesión

Sudamérica se fragmenta entre disputas comerciales, giros geopolíticos y alianzas externas, debilitando la integración regional y el peso común del bloque

La fractura sudamericana se profundiza: de la tensión andina al giro argentino hacia Washington, la región parece caminar hacia un tablero cada vez más fragmentado. En días recientes, la frontera entre Ecuador y Colombia dejó de ser solo un límite geográfico para convertirse en un muro político y económico.

El gobierno de Daniel Noboa en Quito decidió imponer una "tasa de seguridad" del 30% a las importaciones colombianas, argumentando incumplimientos en cooperación antidrogas. Bogotá respondió con dureza: suspendió el suministro eléctrico hacia Ecuador y aplicó aranceles equivalentes a unos 250 millones de dólares en productos ecuatorianos.

El golpe no es menor: Colombia vende más a Ecuador que lo que compra. En 2025, las importaciones ecuatorianas desde Colombia alcanzaron 1,707 millones de dólares, mientras que las exportaciones hacia su vecino apenas llegaron a 792 millones. La balanza favorece a Colombia, y la suspensión de energía -un insumo crítico en la interconexión regional- añade un componente estratégico que trasciende lo comercial.

Mientras tanto, al sur del continente, Argentina se aleja de la narrativa latinoamericana y se acerca cada vez más a Estados Unidos. La relación entre Javier Milei y Donald Trump fue calificada por el propio Departamento de Estado como "el momento más fuerte de la historia" en la relación bilateral. Buenos Aires incluso evalúa seguir a Washington en su salida de organismos internacionales de la ONU, un gesto que marca distancia con el multilateralismo regional.

Este doble escenario -la disputa andina y el giro argentino- refleja una tendencia más amplia: Latinoamérica se está fragmentando en bloques con intereses divergentes. Brasil, por ejemplo, busca consolidar su liderazgo en Mercosur, pero enfrenta tensiones internas con Uruguay y Paraguay por la apertura comercial hacia China. Chile, tradicionalmente pragmático, se debate entre mantener su rol de puente con Asia-Pacífico y no quedar aislado de sus vecinos. Perú, en medio de crisis políticas recurrentes, carece de una voz clara en este nuevo mapa.

Así, el resultado es un continente que parece perder la brújula común. La Comunidad Andina y Mercosur, creados para fortalecer la integración, hoy se ven debilitados por decisiones unilaterales y agendas nacionales que priorizan la coyuntura interna sobre la cooperación regional.

La pregunta inevitable es: ¿Hacia dónde lleva esta división prolongada? El riesgo más evidente es que Latinoamérica se convierta en un mosaico de alianzas bilaterales con potencias externas -Estados Unidos, China, la Unión Europea- en lugar de consolidar un frente propio. Esto podría traducirse en menor capacidad de negociación global y en una pérdida de relevancia como bloque.

Sin embargo, también abre una oportunidad: la fragmentación obliga a los países a repensar sus estrategias y a definir con claridad qué papel quieren jugar en el tablero internacional. Si logran transformar la tensión en un nuevo pacto de cooperación -más flexible, menos burocrático-, la región podría reinventarse.

¿Estamos frente al fin de la era china en Centroamérica?

Por ahora, la historia se escribe con desencuentros: Ecuador y Colombia en guerra comercial, Argentina mirando hacia el norte, Brasil defendiendo su liderazgo, y los demás buscando no quedar fuera del juego. Sudamérica, más que nunca, parece un rompecabezas donde cada pieza quiere brillar por sí sola.