Las anomalías en la temperatura del Pacífico podrían desencadenar cambios severos en el clima argentino con efectos aún difíciles de predecir
El sistema climático mundial muestra señales consistentes de que un nuevo episodio de "Súper El Niño" podría desarrollarse entre 2026 y 2027. En Argentina, este fenómeno oceánico-atmosférico plantea una amenaza directa sobre los patrones de lluvias y temperaturas, con impactos esperados en zonas productivas, urbanas y ecosistemas vulnerables. Las anomalías actuales en el Pacífico ecuatorial ya activaron las alertas entre centros meteorológicos internacionales, que advierten sobre un escenario de alta inestabilidad climática en los próximos meses.
Cuando las temperaturas del océano Pacífico central superan los valores normales durante al menos tres meses consecutivos, se activa el fenómeno "El Niño". Cuando ese desvío térmico excede los +2 °C en la región conocida como Niño 3.4, se clasifica como "Súper El Niño", una de las expresiones más intensas del ciclo ENSO. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), hay un 62% de probabilidad de que el evento se inicie entre junio y agosto de 2026, con potencial para intensificarse hasta fin de año.
Para el caso argentino, los modelos climáticos proyectan un aumento significativo de las precipitaciones en la región central y noreste del país. Las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes, norte de Buenos Aires y este de Córdoba concentran la mayor atención, debido a su alta exposición agroproductiva y antecedentes de inundaciones durante episodios previos. A su vez, otras zonas podrían enfrentar sequías persistentes, alterando la distribución habitual de humedad y afectando el rendimiento de cultivos.
"El sistema climático actual, afectado por la acumulación de gases de efecto invernadero, podría no lograr disipar el calor generado por el fenómeno, lo que incrementaría el impacto global", señaló un informe del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, reproducido por The Washington Post. Esta interacción entre calentamiento global y variabilidad natural plantea un escenario más extremo que el observado en eventos anteriores.
El último "Súper El Niño" con categoría plena ocurrió entre 2015 y 2016. Durante ese periodo, Argentina experimentó lluvias por encima del promedio en vastas áreas agrícolas, lo que derivó en anegamientos, demoras en las cosechas y pérdidas logísticas. En el ciclo más reciente (2023–2024), el fenómeno no alcanzó el umbral térmico necesario durante el tiempo requerido, aunque mostró características similares en varias regiones del país.
Diversos especialistas advierten que el monitoreo del Pacífico será clave en los próximos meses. La fecha de inicio del evento influye directamente en la magnitud del impacto. Si el calentamiento se consolida durante el invierno austral, las lluvias en primavera y verano podrían alcanzar niveles extraordinarios.
El fenómeno "El Niño" ocurre en intervalos irregulares y su intensidad varía. Sin embargo, la posibilidad de un nuevo episodio de alta magnitud genera preocupación entre productores rurales, organismos de gestión del riesgo climático y gobiernos provinciales. La vigilancia permanente de los indicadores oceánicos y atmosféricos permitirá anticipar escenarios y planificar respuestas ante un ciclo que podría redefinir el clima argentino a corto y mediano plazo.