Bogotá,
Martín Olivera
Crédito foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
La contaminación por plásticos ya alcanza peces, fuentes de agua y alimentos en Colombia, con efectos sobre ecosistemas clave para la vida diaria. El problema dejó de limitarse a playas con basura visible, porque también aparece en especies consumidas por personas y en cuerpos de agua esenciales.
Cada año, cerca de 31 mil toneladas de residuos plásticos llegan a ecosistemas acuáticos colombianos. El reporte de la Plataforma Nacional de Acción sobre Plásticos de Colombia(NPAP) también calculó 98 mil toneladas en suelos y 202 mil toneladas gestionadas mediante quema a cielo abierto.
El impacto se concentra en zonas donde coinciden alta generación de residuos, ecosistemas vulnerables y comunidades dependientes de la naturaleza. La macrocuenca Magdalena-Cauca, el Caribe y el Pacífico figuran entre las áreas con mayor presión por contaminación plástica.
La parte baja del río Magdalena y su desembocadura en el Caribe reciben residuos provenientes de ciudades y zonas productivas. Esa acumulación presiona ríos, manglares, arrecifes, playas y humedales conectados con pesca, turismo, provisión de agua y alimentos.
El informe documentó presencia de microplásticos en 52 especies de peces, entre ellas lisa, tilapia, pargo rayado y mojarra plateada. Estas especies forman parte de cadenas alimentarias y sostienen economías locales vinculadas con la pesca y el consumo cotidiano.
La exposición de peces y organismos acuáticos a plásticos muestra una relación directa entre contaminación ambiental y seguridad alimentaria. Cuando los residuos llegan al agua, el problema también avanza hacia comunidades que dependen de esos recursos para comer y trabajar.
Otras especies también presentan daños por residuos plásticos, además de los peces consumidos por personas. El reporte también menciona daños en abejas, bivalvos, osos y especies marinas como el caracol pala, principalmente por ingestión de residuos o enredos.
Estas afectaciones pueden alterar procesos naturales necesarios para mantener ecosistemas funcionales. La polinización, la calidad del agua y el equilibrio de hábitats acuáticos dependen de especies que hoy enfrentan presión por residuos plásticos.
La contaminación plástica también refleja dificultades en la recolección, disposición final y control de residuos. Datos de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios indican que 31% de los rellenos sanitarios opera en emergencia o tiene menos de tres años de vida útil.
En distintos municipios persisten botaderos a cielo abierto y quema de basura, pese a las restricciones existentes. Esa práctica libera sustancias contaminantes, deteriora la calidad del aire y aumenta la exposición de comunidades cercanas a residuos mal gestionados.
Amazonía y Orinoquía aparecen como regiones con vacíos importantes de información sobre los impactos del plástico. Su relevancia ecológica vuelve necesaria una investigación más amplia, especialmente por su biodiversidad y presencia de comunidades dependientes de los ecosistemas.