Ciudad de México,
Francisco Vicario
Crédito foto: Juan Diego Cano (Gobierno de Colombia)
La respuesta pública del presidente Gustavo Petro a la columna del economista José Antonio Ocampo abrió un cruce de mensajes con escasa correspondencia temática. Mientras el texto del exministro expone efectos económicos concretos derivados del aumento del salario mínimo y la revaluación del peso, el pronunciamiento presidencial transita por un terreno distinto, sin referencia directa a los puntos centrales planteados.
El planteamiento original de Ocampo se concentra en una combinación de factores con impacto inmediato sobre la economía real. Por un lado, el incremento del salario mínimo decretado por el Gobierno. Por otro, una apreciación del peso cercana al 15 % interanual, asociada tanto al comportamiento internacional del dólar como al ingreso de divisas por endeudamiento externo y movimientos de portafolio. El análisis describe cómo ese doble efecto incide sobre la competitividad de las exportaciones no tradicionales y sobre sectores intensivos en mano de obra formal.
Asi, el texto detalla resultados recientes del comercio exterior. Durante 2025, el crecimiento de exportaciones no tradicionales y del café compensó la caída de las ventas mineras, lo que permitió un aumento total de exportaciones por primera vez desde 2022. Ese desempeño, según el economista, ayudó a contener el déficit comercial pese al aumento de las importaciones. También aporta cifras sectoriales: un crecimiento anual del 13 % en exportaciones no tradicionales, con mayor dinamismo en el sector agropecuario, impulsado por productos tradicionales y cultivos con expansión reciente.
Sobre esa base, Ocampo advierte en la columna de El Tiempo publicada el 24 de enero de 2026, riesgos derivados de la apreciación cambiaria y del alza de los costos laborales. En términos reales, la tasa de cambio volvió a niveles observados una década atrás, según cálculos del Banco de la República. El efecto combinado, señala, resulta especialmente sensible en actividades agroexportadoras con alta proporción de trabajadores que devengan salario mínimo. La floricultura aparece como el caso más expuesto, debido a su peso en el empleo formal rural y a un aumento de costos laborales cercano al 24 %.
La respuesta del presidente Petro no retoma los elementos planteados por Ocampo. En su mensaje, el mandatario introduce referencias a la teoría del valor trabajo, a debates de economía política clásica y a interpretaciones de la inflación vinculadas a conflictos distributivos. También alude a la pandemia de Covid-19, al confinamiento de la fuerza laboral global y a la caída de la producción mundial durante ese periodo, sin conexión explícita con el análisis sobre exportaciones y tipo de cambio.
De este modo, el pronunciamiento presidencial incorpora, además, una crítica al subsidio a la gasolina como principal causa del déficit fiscal y lo vincula con el cambio climático. Ese eje no aparece en la columna de Ocampo, que no aborda el balance fiscal, el presupuesto nacional ni la política energética. Tampoco hay referencia directa a los sectores productivos mencionados por el economista ni a las cifras de empleo formal citadas a partir de datos del Dane.
En lugar de responder sobre costos laborales, rentabilidad exportadora o efectos cambiarios, el mensaje del titular del Ejecutivo deriva hacia cuestionamientos a corrientes económicas, a decisiones judiciales y a exfuncionarios del propio Gobierno. El resultado es un intercambio sin cruce directo de argumentos, donde la advertencia económica queda sin réplica técnica.
A fin de cuentas, el contraste deja expuesta una desconexión entre un análisis centrado en variables productivas y una respuesta enfocada en marcos conceptuales amplios. En términos informativos, el debate público suma declaraciones, pero no avanza sobre los efectos económicos concretos planteados en el diagnóstico inicial.