Ciudad de México ,
Carlos Ortíz
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Preservan en Toluca la restauración de Niños Dios como un oficio artesanal transmitido de generación en generación, una práctica que mantiene vigencia cada año previo al Día de la Candelaria. La labor se centra en la recuperación estética y estructural de figuras religiosas formando parte de la tradición familiar y comunitaria en la capital del Estado de México.
Desde hace más de 45 años, en Toluca, el artesano Martín Almazán González se ha dedicado de manera continua a la restauración de Niños Dios. El trabajo incluye procesos de pintura, despintado, reconstrucción de extremidades y reparación de daños en piezas elaboradas con yeso, madera y resina, de acuerdo con el testimonio recogido el 27 de enero de 2026.
El oficio que hoy desempeña fue heredado directamente de su padre, quien es identificado como el primer restaurador especializado en Niños Dios en Toluca. Ese conocimiento llegó a la familia luego de que su padre aprendiera las técnicas en la Ciudad de México, antes de establecer el trabajo artesanal en la capital mexiquense.
"Mi papá fue el primer restaurador que hubo en Toluca. Él aprendió en (Ciudad de) México", relató Martín Almazán González al Sistema de Medios Mexiquenses, recordando el origen del oficio dentro de su familia y la manera en que se transmitieron las técnicas de restauración.A partir de esa enseñanza, la actividad se consolidó como un legado de tres generaciones. Martín representa la segunda, encargada de perfeccionar las técnicas y ampliar los servicios, abarcando desde la aplicación de nuevas capas de pintura hasta la reconstrucción manual de dedos y narices, sin el uso de moldes industriales.
Dicho proceso de restauración no se limita al aspecto técnico. Para el artesano, la práctica tiene un componente personal que se refleja en la dedicación constante durante la temporada previa al 2 de febrero. En esta fecha, cientos de familias preparan sus imágenes para las celebraciones religiosas.
"Cuando estás restaurando los Niños Dios, la verdad es una paz que encuentras. Pero aparte de la paz, es un trabajo muy socorrido. Me da satisfacción que la tradición siga con nosotros. Mis hijas y uno de mis hijos son los que trabajan y hacen todo este tipo de trabajos", señaló Martín Almazán González.Ese conocimiento continúa vigente dentro del núcleo familiar. Martín afirmó haber transmitido el oficio a sus hijos, quienes actualmente participan en la restauración de las figuras y en la atención a los clientes que acuden cada año. Además de las labores técnicas, la familia asesora a las personas en la elección de vestimenta para las imágenes religiosas.
La continuidad del trabajo se refleja también en la demanda de estilos tradicionales. De acuerdo con Selene Almazán Mejía, hija del artesano, las solicitudes se concentran en atuendos específicos conservando la estética clásica de las figuras.
"De todos, pero nos piden más lo que es el color blanco, que sea ropón y blanquito nada más", comentó Selene Almazán Mejía al referirse a las preferencias de los clientes.Año con año, el taller familiar recibe a personas que buscan recuperar el brillo y la integridad de imágenes que forman parte de la historia doméstica y religiosa. La restauración se realiza antes del Día de la Candelaria, cuando las figuras son presentadas nuevamente en celebraciones familiares y comunitarias.
La actividad artesanal desarrollada por la familia Almazán se mantiene como una práctica constante en Toluca. Vinculada a una tradición que combina técnicas manuales, transmisión familiar del conocimiento y una demanda recurrente asociada al calendario religioso. El trabajo permite que figuras con valor simbólico continúen en uso dentro de los hogares que las conservan desde hace generaciones.