Ciudad de México,
Martín Olivera
Crédito foto: Martin Olivera (Composición/NotiPress)
"Nada es posible si no tuviéramos a Dios", expresó José Antonio Kast tras conocerse los resultados de las elecciones presidenciales en Chile. En su discurso, ofrecido desde Santiago ante miles de simpatizantes, también afirmó: "Nada ocurre en la vida, para los que somos de fe, que no sea en relación directa con Dios". Durante la misma intervención, solicitó "sabiduría, templanza y fortaleza" para asumir el cargo. Estas expresiones marcaron el tono espiritual del inicio de su mandato, el cual inició el 11 de marzo, en reemplazo de Gabriel Boric.
Kast y su familia tienen vínculos históricos con el movimiento católico Schoenstatt, una organización de origen alemán fundada en 1914. Su creador, el sacerdote José Kentenich, inició el movimiento junto a un grupo de jóvenes en el pueblo de Schoenstatt, ubicado en Renania-Palatinado. La organización tomó forma alrededor de una capilla restaurada y consagrada a la Virgen María, cuya réplica fue replicada en más de 200 santuarios en cinco continentes.
Schoenstatt está estructurado en distintas ramas, incluyendo comunidades laicas, sacerdotales y femeninas consagradas. Aunque sus miembros no siempre toman votos religiosos, el movimiento promueve una vida de compromiso espiritual activo dentro de la sociedad. Este modelo permite la participación de personas que conservan su entorno profesional y familiar mientras practican su fe.
En América Latina, Schoenstatt comenzó su expansión en la década de 1930, con la llegada de sus primeros representantes a Argentina, Brasil y Uruguay. Hoy tiene presencia en todos los países del continente, salvo algunas islas del Caribe y territorios del norte de Sudamérica. Desde sus santuarios, el movimiento opera colegios en países como Chile, México, Ecuador y Argentina, además de centros de salud y programas sociales enfocados en comunidades vulnerables.
La relación de Kast con esta corriente religiosa se origina en su entorno familiar. Su hermano mayor habría sido el primero en integrarse al movimiento, seguido por otros miembros de la familia. Esta cercanía a Schoenstatt influyó en la dimensión espiritual del presidente chileno, que hizo visible su fe en diversas apariciones públicas.
A diferencia de otras organizaciones católicas como el Opus Dei, Schoenstatt no buscó ocupar espacios de poder político. En cambio, centró sus esfuerzos en la formación espiritual, la vida comunitaria y la educación católica, principalmente en sectores medios y profesionales. Aunque mantiene posturas conservadoras, su estructura permite un margen de diversidad interna en comparación con otras agrupaciones religiosas.
Con el paso de los años, el movimiento enfrentó distintos episodios de controversia. En los años 50, el Vaticano removió a Kentenich de sus cargos y lo trasladó a Estados Unidos, tras investigaciones internas que incluyeron denuncias de abuso. Décadas más tarde, investigaciones académicas volvieron a revisar el caso, lo que derivó en la suspensión del proceso de beatificación iniciado en 1975.
El ascenso político de José Antonio Kast puso nuevamente en el centro del debate el papel público de Schoenstatt. Esta red católica trasciende la religión y alcanza espacios educativos, sociales y ahora también, gubernamentales.