
Foto: x @WhiteHouse
El mandatario estadounidense Donald Trump calificó a Venezuela como "nuestro nuevo amigo y socio" durante su discurso del Estado de la Unión de 2026. Este mensaje se dio tras confirmar la llegada de más de 80 millones de barriles de crudo venezolano a Estados Unidos, en un contexto de reapertura comercial impulsado por cambios políticos en Caracas y una relajación de las sanciones por parte de Washington.
Frente al Congreso, Trump afirmó: "La producción petrolera estadounidense aumentó en más de 600,000 barriles diarios, y acabamos de recibir de nuestro nuevo amigo y socio, Venezuela, más de 80 millones de barriles de petróleo". El comentario sorprendió por el histórico antagonismo entre ambos países y marcó un punto de inflexión en la política energética y exterior de su administración.
La declaración ocurre semanas después del operativo del 3 de enero que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro. El hecho fue calificado por Trump como "una victoria colosal para la seguridad de Estados Unidos" y "un brillante nuevo comienzo para el pueblo de Venezuela". Tras este cambio de liderazgo, Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada y pasó a encabezar los nuevos contactos bilaterales.
"Estamos trabajando de cerca con la nueva presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, para aumentar las ganancias económicas extraordinarias de nuestros países y traer nuevas esperanzas a aquellos que realmente sufrieron", declaró Trump durante el mismo discurso. Este acercamiento se tradujo rápidamente en acciones concretas en el sector energético.
El 7 de enero de 2026, el gobierno estadounidense flexibilizó parte de las sanciones aplicadas anteriormente al petróleo venezolano. La medida permitió la reanudación de exportaciones de crudo y productos refinados hacia Estados Unidos, con el objetivo de estabilizar el suministro energético y facilitar la recuperación de la infraestructura venezolana.
Paralelamente, la Asamblea Nacional venezolana aprobó una nueva ley de hidrocarburos a finales de enero. Esta legislación habilita la participación del capital privado en la explotación petrolera, un cambio relevante respecto a la política de control estatal vigente en años anteriores. Esta medida fue clave para el retorno de empresas estadounidenses interesadas en reanudar operaciones en Venezuela.
Varias compañías del sector energético ya evalúan contratos de servicio y asociaciones operativas, respaldadas por los nuevos marcos legales aprobados en Venezuela. Estados Unidos, por su parte, busca diversificar su abastecimiento y reducir la presión sobre su producción interna. La cooperación energética con Caracas se perfila como una vía directa para reforzar ambos objetivos.
En su intervención, el presidente Trump vinculó estos avances con su política energética nacional. "La producción estadounidense de gas natural está en su punto más alto porque cumplí mi promesa de perforar, ¡vaya!, perforar", exclamó ante el Congreso, en un guiño a su electorado.
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