
Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)
En la economía de la atención, donde cada segundo cuenta y cada "like" parece validar la existencia, el silencio corporativo ya no es una opción. Hoy, comunicar no basta: hay que asumir postura, generar contexto y proponer soluciones. En ese cruce entre reputación, responsabilidad y futuro social se inserta la reciente iniciativa de la Fundación José Antonio Llorente, brazo social de LLYC, que pone sobre la mesa uno de los dilemas más complejos de nuestra época: el bienestar digital de los jóvenes en México.
Las cifras son, por sí solas, una llamada de alerta estratégica. Jóvenes conectados entre ocho y nueve horas diarias; uno de cada tres adolescentes condicionando su autoestima a la interacción en redes sociales. No se trata únicamente de hábitos digitales, sino de una reconfiguración profunda de la identidad, la salud emocional y la manera en que se construyen los vínculos sociales. Frente a esta realidad, el enfoque tradicional de la comunicación, centrado en visibilidad y control del mensaje, resulta insuficiente.
En este contexto, encuentros como Conversaciones Transformadoras: Juventud y Bienestar Digital revelan algo más relevante que el diagnóstico: evidencian un cambio de rol del sector empresarial. La Fundación José Antonio Llorente no se limita a observar el fenómeno, sino que actúa como convocante estratégico, articulando voces del ámbito social, tecnológico y cultural para construir una narrativa propositiva. Esto no es menor: en un entorno polarizado, generar espacios de diálogo plural ya es, en sí mismo, un acto de liderazgo.
La diversidad del panel fue uno de los mayores aciertos. Desde la prevención institucional hasta la experiencia cotidiana en plataformas, el mensaje fue claro: el bienestar digital no puede abordarse desde una sola trinchera. Como señaló Tania Jiménez, directora de CONCIEO A.C., la conversación debe partir de la corresponsabilidad: "La salud mental de los jóvenes no es solo un tema individual, es un reto sistémico que involucra familias, escuelas, empresas y plataformas". Esta mirada amplia es la que permite pasar del discurso a la acción.
Uno de los puntos más inquietantes —y estratégicamente relevantes— es el análisis sobre la inteligencia artificial generativa y la economía de la atención. Ana de Saracho, fundadora de Synertics, advirtió que los algoritmos no son neutrales: "Están diseñados para captar y retener atención, no para cuidar el bienestar emocional". Cuando los jóvenes encuentran en "amistades virtuales" un refugio sin fricción ni contradicción, el riesgo no es tecnológico, sino humano: se debilitan habilidades sociales clave como la empatía, la tolerancia a la frustración y el pensamiento crítico.
Comunicación propósitiva
Aquí es donde la conversación se vuelve verdaderamente propositiva. Lejos de una narrativa prohibicionista —tan popular como ineficaz—, la Fundación impulsa un cambio de paradigma: del control al acompañamiento inteligente. La tecnología no es el enemigo; la falta de criterio y educación emocional, sí. Isabella de la Torre, ‘La Bala’, lo expresó desde la experiencia generacional: "No se trata de desconectarnos, sino de aprender a habitar lo digital sin que nos consuma".
Este enfoque conecta de manera directa con el ADN de LLYC como firma global de comunicación. Anticipar riesgos, leer el contexto social y traducir conversaciones complejas en estrategias accionables ha sido parte de su propuesta de valor. En este caso, la comunicación con propósito se manifiesta no como campaña, sino como infraestructura social: crear las condiciones para que otros actores —jóvenes incluidos— tomen decisiones más conscientes.
Otro eje clave fue la dificultad creciente para distinguir entre lo real y lo artificial en un ecosistema saturado de contenidos sintéticos. En un entorno donde la verdad compite con la viralidad, educar en pensamiento crítico deja de ser un complemento académico para convertirse en un activo estratégico del país. La apuesta por una cultura de la verdad y la empatía no es solo ética; es profundamente pragmática si se piensa en el futuro del talento, la cohesión social y la democracia.
"La transformación digital no es solo técnica, es humana", afirma Irene Rodríguez, presidenta de la Fundación José Antonio Llorente. "Nuestro compromiso es que las nuevas generaciones no solo consuman herramientas digitales, sino que las aprovechen de manera consciente para su desarrollo académico y personal". La frase sintetiza una visión que muchas organizaciones declaran, pero pocas ejecutan con coherencia.
Desde una perspectiva estratégica, iniciativas como Conversaciones Transformadoras marcan una hoja de ruta para el sector empresarial: la reputación del futuro se construirá en función del impacto real en la vida de las personas. En un país joven como México, ignorar el bienestar digital no es solo una omisión social, sino un error de visión a largo plazo.
La pregunta ya no es si las empresas deben involucrarse en estos temas, sino cómo hacerlo con profundidad, consistencia y credibilidad. La ruta es clara: escuchar, articular, proponer y acompañar. En tiempos de ruido digital, esa puede ser la forma más poderosa —y estratégica- de comunicar.
Contenido actualizado el 07-02-2026 07:32
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