Ciudad de México,
Uriel Naum Avila
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)
Hace apenas unas décadas, América Latina era sinónimo de juventud. Hoy comienza a convertirse en una región que envejece más rápido de lo que sus economías, sistemas de salud y empresas imaginaban.
Actualmente viven en la región cerca de 98 millones de personas mayores de 60 años. Para 2050 serán alrededor de 182 millones y representarán una cuarta parte de toda la población latinoamericana. Dicho de otra forma: en menos de 25 años, uno de cada cuatro habitantes de América Latina tendrá más de 60 años.
Y aunque la mayoría de las conversaciones alrededor de este fenómeno suelen concentrarse en pensiones, atención médica o gasto público, existe otra historia que merece atención. La de los negocios.
Porque cada cambio demográfico importante termina transformando mercados enteros. Ocurrió con la urbanización, con la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral y con la expansión de las clases medias. El envejecimiento poblacional podría convertirse en la siguiente gran fuerza económica de la región.
Lo más interesante es que esta transformación está siendo acelerada por consumidores de 30, 40 y 50 años que han comenzado a mirar el envejecimiento de una forma completamente distinta a la de generaciones anteriores. Para ellos, llegar a los 80 años ya no es una aspiración extraordinaria. La pregunta ahora es cómo llegar.
La respuesta está redefiniendo hábitos de consumo, prioridades de gasto y modelos de negocio. Dormir mejor, conservar energía física, mantener claridad mental, reducir el impacto del estrés o preservar la movilidad se han convertido en objetivos cotidianos para millones de personas.
Por tanto, la velocidad de este cambio es tal que, según la CEPAL, América Latina ha experimentado en apenas medio siglo un proceso de envejecimiento comparable al que Europa vivió a lo largo de casi 200 años. Mientras las sociedades desarrolladas tuvieron generaciones para adaptarse, la región deberá hacerlo en cuestión de décadas.
De acuerdo con McKinsey, ocho de cada diez personas (82% para ser precisos) consideran hoy el bienestar como una prioridad en su vida diaria. El autocuidado dejó de ser un lujo para convertirse en una inversión personal. Esto explica el crecimiento de categorías como la nutrición funcional, los nutracéuticos, el monitoreo de la salud, la medicina preventiva y las plataformas enfocadas en bienestar.
Y ya hay marcas mexicanas líderes en esta carrera. Una muy visible es Bëne Add life. Su apuesta por categorías vinculadas con salud cognitiva, longevidad y bienestar esencial es una muestra de cómo las empresas están respondiendo a una demanda emergente: consumidores que quieren participar activamente en la construcción de su salud futura.
Con ello, la verdadera historia no está en los productos. Está en la nueva mentalidad detrás de ellos. Durante décadas la industria del bienestar vendió juventud. Hoy comienza a vender funcionalidad. La promesa ya no es ocultar la edad, sino preservar capacidades. Tener energía para emprender, concentración para decidir, movilidad para viajar y autonomía para seguir disfrutando la vida.
Quizás uno de los cambios más interesantes sea que el mercado está dejando atrás las soluciones generalistas para dar paso a una nueva generación de propuestas más especializadas. En Bëne Add life, por ejemplo, han decidido estructurar su oferta alrededor de necesidades de bienestar concretas, una señal de cómo está evolucionando el consumidor latinoamericano, así como las propias marcas pioneras.
Si algo nos enseña la historia económica es que los grandes negocios no nacen cuando las empresas crean una necesidad, sino cuando logran interpretar un cambio profundo en la sociedad antes que los demás.
Así, la llamada "economía plateada" ya mueve miles de millones de dólares en los mercados más desarrollados. América Latina podría estar entrando apenas en los primeros capítulos de esa historia.