Ciudad de México,
Judith Moreno
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress)
Las estimaciones más recientes indican que más de 12 millones de personas en Estados Unidos —una de cada 22— vivirán con fibrilación auricular (FA) hacia 2030. Esta afección, que altera el ritmo normal del corazón, representa un desafío creciente para los sistemas de salud por su relación directa con accidentes cerebrovasculares, coágulos, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones graves.
En la última década, el número de personas diagnosticadas con FA se duplicó, pasando de cinco millones a los niveles actuales, de acuerdo con datos citados por la Asociación Americana del Corazón y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. Esta tendencia evidencia la necesidad urgente de mejorar la detección temprana y el tratamiento de la afección.
Según el doctor Randall Wolf, cirujano cardiotorácico del Hospital Houston Methodist, explicó cómo la fibrilación auricular se presenta cuando las cavidades superiores del corazón pierden sincronía, lo cual provoca una frecuencia cardíaca elevada, entre 100 y 175 latidos por minuto en reposo. El rango normal oscila entre 60 y 100 latidos por minuto.
Entre los factores asociados al riesgo de desarrollar FA figuran los antecedentes de ataques cardíacos, hipertensión, defectos cardíacos, enfermedades pulmonares, hipertiroidismo, apnea del sueño e infecciones virales. La mayoría de las personas ignora si padece esta afección, ya que puede ser asintomática o manifestarse con síntomas sutiles como fatiga extrema, mareo, palpitaciones o dificultad para respirar.
Además, las opciones terapéuticas dependen del tiempo de evolución y del estado actual del ritmo cardíaco. Según el doctor Wolf, existen tres líneas principales de tratamiento: control farmacológico, ablación con catéter y el procedimiento Wolf, una cirugía mínimamente invasiva. Este último método actúa sobre los nervios autónomos del corazón desde el exterior y ha demostrado reducir el riesgo de accidente cerebrovascular en 97% de los casos tratados, además de mantener un ritmo sinusal estable en más del 90% de los pacientes.
El tratamiento farmacológico busca controlar tanto la frecuencia como el ritmo cardíaco mediante medicamentos. En algunos casos, los pacientes requieren anticoagulantes para prevenir la formación de coágulos. La ablación con catéter, por su parte, modifica áreas del tejido cardíaco para evitar que respondan a señales eléctricas anómalas. Aunque este procedimiento mejora los resultados a largo plazo, no garantiza la eliminación total de la arritmia y puede requerir intervenciones repetidas.
Igualmente, en situaciones complejas, puede recurrirse a un enfoque híbrido que combine el procedimiento Wolf con ablaciones adicionales. Además, a los pacientes tratados se les coloca un registrador subcutáneo que permite monitorear la actividad cardíaca durante cinco años. "Tengo pacientes que, 23 años después del procedimiento, aún mantienen el ritmo cardíaco", señaló el doctor Wolf.
Los especialistas coinciden en que el diagnóstico oportuno es esencial para evitar complicaciones. Si una persona presenta síntomas o antecedentes compatibles con FA, debe consultar con un cardiólogo o electrofisiólogo. "Nuestro objetivo es capacitar a los pacientes para que tomen las decisiones más informadas posibles", concluyó el doctor Wolf.