
Foto: Gustavo Torres (NotiPress)
Los alimentos ultraprocesados se asociaron con una menor capacidad de concentración incluso entre personas con una dieta saludable, según una investigación de la Universidad de Monash, la Universidad de São Paulo y la Universidad de Deakin. El estudio examinó a más de 2.100 adultos australianos de mediana edad y mayores sin demencia, y vinculó un mayor consumo diario de estos productos con resultados más bajos en pruebas de atención visual y velocidad de procesamiento.
Publicada el 23 de abril de 2026, esta investigación en Alzheimer's & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring, aparece en la revista de la Asociación de Alzheimer. El comunicado señala que el trabajo revisó la dieta y la salud cognitiva de los participantes, con el objetivo de observar la relación entre alimentos altamente procesados y desempeño cerebral. El dato central del estudio apunta al procesamiento industrial de los alimentos. Los resultados indican que un ligero aumento diario en la ingesta de alimentos ultraprocesados se relacionó con una disminución medible de la atención, incluso cuando la dieta general de la persona mantenía características saludables.
Barbara Cardoso, autora principal del estudio y académica del Departamento de Nutrición, Dietética y Alimentación y del Instituto Victoriano del Corazón de la Universidad de Monash, explicó la dimensión cotidiana del hallazgo. "Para poner nuestros hallazgos en perspectiva, un aumento del 10 por ciento en los UPF (factores de protección ultravioleta) equivale aproximadamente a añadir un paquete estándar de patatas fritas a la dieta diaria", dijo Cardoso.
Con ello, los investigadores observaron una relación entre ese aumento y el desempeño en concentración. "Por cada aumento del 10 por ciento en el consumo de alimentos ultraprocesados, observamos una disminución clara y cuantificable en la capacidad de concentración de esa persona", afirmó la autora principal.
Este descenso se reflejó en mediciones cognitivas aplicadas a los participantes. "En términos clínicos, esto se tradujo en puntuaciones sistemáticamente más bajas en las pruebas cognitivas estandarizadas que miden la atención visual y la velocidad de procesamiento", agregó Cardoso.
Dichos participantes consumieron aproximadamente 41% de su energía diaria a partir de alimentos ultraprocesados. Esa proporción se ubicó cerca del promedio nacional australiano, estimado en 42%, de acuerdo con los datos incluidos en el comunicado.
Respecto a los ultraprocesados, mencionados por los investigadores incluye productos cotidianos como refrescos, aperitivos salados envasados y comidas preparadas. El comunicado los diferencia de los alimentos frescos e integrales, al señalar que el nivel de procesamiento forma parte del vínculo observado con la función cognitiva.
Tras la investigación, esta también reportó que los efectos negativos asociados con estos productos se presentaron independientemente de la calidad general de la dieta. Según el comunicado, esto incluyó a personas con una dieta mediterránea saludable, por lo cual los autores destacaron el papel del grado de procesamiento de los alimentos.
Cardoso señaló que el ultraprocesamiento puede modificar la composición original de los productos. "El ultraprocesamiento de los alimentos a menudo destruye su estructura natural e introduce sustancias potencialmente dañinas, como aditivos artificiales o productos químicos de procesamiento", dijo la investigadora.
El estudio también asoció un mayor consumo de alimentos ultraprocesados con factores de riesgo de demencia. Entre las condiciones mencionadas en el comunicado aparecen hipertensión y obesidad, descritas como factores que pueden controlarse activamente para proteger el cerebro.
Concluyendo, la investigación no encontró una asociación directa entre alimentos ultraprocesados y pérdida de memoria. Sin embargo, el comunicado ubicó la atención como una función base para operaciones cerebrales importantes, entre ellas el aprendizaje y la resolución de problemas.
Finalmente, los resultados difundidos por las universidades participantes señalan una asociación entre mayor consumo de ultraprocesados y menor concentración en adultos australianos sin demencia. El estudio también registró vínculos con factores de riesgo de demencia, mientras la pérdida de memoria no presentó una relación directa en los datos comunicados.
DESCARGA LA NOTA SÍGUENOS EN GOOGLE NEWS