Ciudad de México,
Patricia Manero
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La sepsis puede afectar los riñones incluso en personas sin antecedentes de enfermedad renal y provocar una lesión renal aguda. Hasta la mitad de los pacientes con sepsis puede presentar algún deterioro de la función renal, de acuerdo con el nefrólogo Armando Martínez Rueda, quien explicó a NotiPress que identificar este daño de manera oportuna puede modificar su progresión.
En Ciudad de México, de cara al Día Mundial de la Sepsis del 13 de septiembre, el vínculo entre esta emergencia médica y el daño renal cobra relevancia por la frecuencia y gravedad de sus complicaciones. La sepsis está relacionada con alrededor de 48.9 millones de casos y 11 millones de muertes en el mundo, equivalentes a cerca de una de cada cinco muertes globales, según datos de Vantive.
El deterioro renal puede aparecer aun cuando el paciente tenía una función normal antes de la infección. Martínez explicó que la sepsis provoca una respuesta sistémica capaz de dañar varios órganos y que el riñón figura entre los que pueden verse comprometidos con mayor frecuencia.
Una de las primeras señales es la pérdida de capacidad para eliminar sustancias y líquidos. El especialista indicó que pueden elevarse la creatinina, el nitrógeno ureico y el potasio, además de presentarse sobrecarga de volumen, edema o hinchazón. Estos cambios permiten al equipo médico identificar que el paciente comienza a desarrollar lesión renal aguda.
La particularidad es que el problema también puede presentarse en personas sin diabetes, hipertensión o enfermedad renal crónica. El especialista describió casos de pacientes previamente sanos que, tras una infección grave y un cuadro de sepsis o choque séptico, desarrollan una lesión renal asociada al episodio.
En cuadros graves, el deterioro puede obligar a sustituir temporalmente parte de la función renal. Martínez señaló que hasta dos de cada tres pacientes con lesión renal aguda asociada a sepsis pueden requerir terapia de reemplazo renal de forma transitoria, particularmente cuando permanecen en cuidados intensivos y presentan inestabilidad hemodinámica.
La decisión sobre cuándo iniciar ese soporte depende de la condición clínica. "Hoy ya sabemos que cuando un paciente tiene indicaciones puntuales de urgencia para iniciar una terapia de reemplazo renal, es mejor no esperarnos", explicó Martínez durante la entrevista. Entre esas indicaciones mencionó alteraciones importantes del potasio, bicarbonato o acidez de la sangre.
Cuando esas señales de urgencia no aparecen, el médico explicó que puede mantenerse tratamiento conservador y vigilar la evolución durante las siguientes 72 horas. Si no existe mejoría y la función renal continúa deteriorándose, indicó que debe considerarse el inicio de la terapia de reemplazo.
Durante el LIX Congreso Nacional e Internacional de Nefrología señalaron que las terapias continuas pueden brindar soporte durante periodos prolongados y adaptarse a pacientes críticamente enfermos. En los casos más graves, las necesidades pueden extenderse al corazón, pulmones y otros sistemas, por lo cual la atención suele involucrar distintas especialidades.
La sepsis puede comenzar con una infección respiratoria, urinaria, abdominal o posterior a una cirugía y evolucionar hasta comprometer órganos vitales. En el caso del riñón, reconocer el deterioro, tratar la infección y vigilar la función renal son pasos centrales para decidir si el paciente requiere soporte temporal.