Revelan por qué 4% de las personas no puede formar imágenes mentales

 03-02-2026
Carlos Ortíz
   
Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Un grupo de personas carece total o parcialmente de la capacidad de formar imágenes mentales, un fenómeno conocido como afantasía que ha captado la atención de la neurociencia por su valor para estudiar la conciencia humana. Investigaciones recientes muestran que esta condición, presente en alrededor de 4% de la población, no impide el funcionamiento cognitivo general, pero sí plantea interrogantes sobre cómo el cerebro construye la experiencia consciente.

Los estudios señalan que la mayoría de las personas puede evocar imágenes del pasado o imaginar escenas futuras con distintos grados de viveza. Sin embargo, quienes presentan afantasía describen su mente como "oscura o incluso vacía" cuando intentan visualizar objetos familiares, aunque reconocen conceptos, palabras y asociaciones relacionadas con ellos.

Mac Shine, neurocientífico de sistemas de la Universidad de Sídney, identificó esta diferencia en 2013 mientras investigaba alucinaciones y discutía con colegas sobre la viveza de las imágenes mentales. En ese contexto, relató textualmente: "Cuando cierro los ojos, no hay absolutamente nada". La reacción de su equipo evidenció la amplia variabilidad de experiencias internas que suele pasar desapercibida.

Aunque la ciencia reconocía desde hace más de un siglo que la imaginería mental varía entre individuos, el interés aumentó cuando un artículo influyente acuñó el término afantasía hace una década. Desde entonces, esta condición se ha comparado con fenómenos como la sinestesia o la prosopagnosia, por su utilidad para explorar cómo funciona la mente.

Gran parte de los primeros trabajos se enfocaron en describir el rasgo y evaluar su impacto conductual. Sin embargo, en los últimos cinco años, los investigadores comenzaron a examinar diferencias cerebrales entre personas con y sin afantasía. Estos hallazgos han generado debates sobre la naturaleza de la imaginería mental y su relación con la conciencia, definida por muchos científicos como una experiencia consciente.

La neurocientífica cognitiva Giulia Cabbai, del University College de Londres, se interesó en la afantasía tras descubrirla en 2015, desde el extremo opuesto del espectro, la hiperfantasía, caracterizada por imágenes mentales intensamente vívidas. Según explicó, la ausencia total de imaginería en algunas personas permite estudiar cómo esta capacidad influye en emociones, percepción, atención y memoria. En sus palabras: "¿Cómo afecta a nuestras emociones, nuestra percepción, nuestra atención, nuestra memoria? Podemos comprender esto con la afantasía".

El neurólogo Adam Zeman, de las universidades de Edimburgo y Exeter, inició el estudio sistemático de la afantasía en 2003, tras conocer a un paciente que perdió la capacidad de imaginar imágenes luego de un procedimiento cardíaco. Aunque su percepción visual permaneció intacta, los escáneres cerebrales mostraron diferencias al intentar imaginar rostros. Tras la publicación de un estudio de caso en 2010, Zeman recibió testimonios de más de 20 personas que afirmaron no haber tenido imágenes mentales en ningún momento de su vida.

En 2015, su equipo introdujo formalmente el término afantasía en la revista Cortex. Posteriormente, Zeman reportó haber recibido mensajes de unas 20.000 personas tras la difusión del tema en medios. "No esperaba que se disparara tanto", afirmó, al describir la magnitud del interés generado.

Dichas investigaciones revelaron una amplia variación dentro de la afantasía. Algunas personas carecen también de otras formas de imaginería sensorial, como el "oído mental", mientras que otras sí sueñan con imágenes. Los datos sugieren además un componente genético, ya que la probabilidad aumenta si un hermano presenta imaginería mental débil o ausente.

Para medir la imaginería de forma objetiva, científicos como Joel Pearson, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, desarrollaron técnicas basadas en la rivalidad binocular, que permiten inferir la intensidad de las imágenes mentales sin depender únicamente de descripciones subjetivas. Otras aproximaciones incluyen medir la sudoración ante relatos de miedo o la contracción pupilar al imaginar una luz brillante.

Cuando los investigadores analizaron la actividad cerebral, esperaban encontrar diferencias claras en la corteza visual. Sin embargo, estudios mostraron que las personas con afantasía activan esta región de forma similar a los individuos de control al intentar imaginar. En experimentos liderados por Cabbai, escuchar sonidos como el ladrido de un perro generó representaciones visuales cerebrales tanto en personas con afantasía como sin ella, aunque las primeras reportaron no experimentar ninguna imagen consciente.




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